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Anti, Amores alucinados

ENTREVISTA (2010)

Anti

Amores alucinados

Por Víctor Lenore

En los conciertos de Penelope Trip, grupo clave del indie español de los noventa, había momentos en que daba la impresión de que Tito Pintado cantaba en estado de trance. En “Antiaventura” (2009), su segundo disco como anti (tras el mini-LP homónimo de 1998), transmitió una impresión similar: la de estar ante alguien medio grogui que intentara explicar secretos emocionales.

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ÁLBUM (2009)

ANIMAL COLLECTIVE

Merriweather Post Pavilion

Domino-[PIAS] Spain
ANIMAL COLLECTIVE, Merriweather Post Pavilion
 

“En diez años de avances constantes, Animal Collective han viajado desde una maraña de incómoda placidez hasta el resplandor del sol más brillante”, se decía en la crítica del disco que colocaba “Merriweather Post Pavilion” en lo alto, en el número 1, de los mejores álbumes internacionales de la primera década del siglo XXI, lista publicada en el Rockdelux 278, el especial del veinticinco aniversario de la revista. En efecto, esta obra, obviamente también la número 1, la mejor, del año 2009, según el resumen del Rockdelux 280, fue, probablemente, el final de un largo trayecto que se inició en el underground y acabó en esta cumbre de evolución permanente para el grupo, culminación a su etapa más asequible, la iniciada con “Sung Tongs” en 2004 y continuada con “Feels” en 2005 y “Strawberry Jam” en 2007. Este sonido fue modelo para otros artistas que absorbieron el patrón Animal Collective como garantía de progresión musical y tentativa de éxito entre el público indie y alternativo. Escuchen “My Girls”, la canción del año 2009 para Rockdelux, y lean la crítica de Juan Cervera, correspondiente al Rockdelux de enero de 2009, donde ya avanzaba el éxito posterior de “Merriweather Post Pavilion”.

De acuerdo. “Strawberry Jam” (2007) fue una cumbre, la constatación definitiva de que Animal Collective eran muchísimo más que una panda de freaks entrando a saco en los cuartos sagrados del folk y la psicodelia para hacer juegos malabares con los platos rotos. Ese disco tenía una intención clarísima: encerrar en canciones de desarrollos inesperados y melodías de oro todo el caleidoscopio sonoro que de una manera más fragmentada y ¿deliberadamente? caótica había ido dejando deslumbrantes migajas en “Sung Tongs” (2004) y “Feels” (2005). El enorme disco en solitario de Panda Bear (“Person Pitch”, 2007), por mucho que intenten mantenerlo como un anexo que no interfiera en los postulados del Colectivo, se antoja cada vez más como una hoja de ruta por la que Geologist, Avey Tare y (el por el momento ausente) Deakin guían sus pasos en la noble tarea de redefinir el pop en la primera década del siglo XXI. Los sesenta revisitados sin nostalgia, con irreverencia pero con atención casi de cirujanos microscópicos, alimentan un cuaderno de bitácora que va tomando cuerpo en sesiones de improvisación, en el test en directo y en la unión de fragmentos entrelazados hasta crear un todo compacto y arrebatador. El EP “Water Curses” de 2008 ya fue una prueba concluyente de que los de Nueva York iban muy bien encaminados hacia su siguiente paso.

Y con “Merriweather Post Pavilion” en el lector de CDs desde hacia varias semanas, uno no puede más que rendirse una y otra vez ante el caudal de ideas y sensaciones que se suceden sin parar en los once cortes del álbum. Es (casi) excesivo, una cascada de estribillos cegadores y de ritmos imparables que no permiten que el aburrimiento aparezca en ningún momento. En la cordillera de Animal Collective, su noveno disco largo es un pináculo que parecía que ya no podían alcanzar, que ya habían alcanzado.

 
ANIMAL COLLECTIVE, Merriweather Post Pavilion

Animal Collective, en órbita: etéreos y terrestres, espaciales y caseros, dulces y perversos. Foto: Liberto Peiró

 

Los crucigramas que entrelazan a Brian Wilson con el minimalismo, a Brian Eno con Simon & Garfunkel, a Mercury Rev con el minimal techno o los ritmos levemente africanos están resueltos con una finura de orfebre aplicado, sin costurones ni remiendos que distraigan. Las canciones están secuenciadas sin apenas interludios ni tiempos muertos: subirse al carrusel de “Merriweather Post Pavilion” es iniciar un viaje al frondoso vergel de la música pop con los oídos limpios y el corazón palpitante. Tiene ese punto de inocencia infantil y de descubrimiento que se reserva a los exploradores sin mapas pero con intención de hacer historia (“Si pudiera abandonar mi cuerpo durante un minuto” es una de las primeras frases que se escuchan en el disco; más adelante se preguntarán “Am I really all the things that are outside of me?”: abran compuertas).

Programan ritmos robóticos y hacen palmas, doblan voces y soplan dijeridús, pedalean sobre órganos y engordan bajos de baile (im)posible. Suenan etéreos y terrestres, espaciales y caseros, dulces y perversos. La tecnología es para ellos un juguete mágico que nunca anula las reglas del juego. Cuando se arriba al puerto de “Brothersport” y su orgía repetitiva e hipnótica, no queda más remedio que recurrir al repeat y subir de nuevo al andén de “In The Flowers” (¿suena un motor?, ¿el bostezo de un dinosaurio?) y babear con “My Girls” y sus violines, “Also Frigthened” y su anestesiado ritmo de vals, “Summertime Clothes” y su base de techno primitivista (con cuerdas), “Guys Eyes” y su cámara de ecos gemelos entre percusiones y voz, “Bluish” y sus frágiles cenefas de sueños californianos... Una fiesta sin fin, una montaña rusa de alegría auditiva. Animal Collective están en órbita. Hoy por hoy, y hasta que otro demuestre lo contrario, el mejor y más inmenso grupo de pop contemporáneo.

“My Girls”.

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