
Lo mejor de 2009, Dominique A, Alex Ross, Esplendor Geométrico, Jim O'Rourke, Vincent Moon, Atlas Sound, The New Raemon, Emilio José, Hope Sandoval, Richmond Fontaine, Aaron Thomas, The Antlers, Bill Withers, Jorge Martínez (Ilegales)
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El triunfo de Animal Collective estaba cantado. Junto a ellos, nuevas promesas del pop en sus múltiples vertientes: nocturno (The xx), evocador de los sonidos C86 (The Pains Of Being Pure At Heart), deudor de las producciones de Phil Spector (God Help The Girl) y vanguardista casero (Telepathe). El nuevo folk nos ha dado muchas alegrías: desde la presencia de Bill Callahan ocupando el segundo puesto de honor, hasta la confirmación de Alela Diane y la sorpresa de Megafaun. No faltan los regresos más o menos inesperados –del pop con mayúsculas de Prefab Sprout–, la recuperación de viejas glorias (Allen Toussaint y, cómo no, Bob Dylan) y la cosecha francesa con más charme (Benjamin Biolay, Dominique A, Emily Loizeau). Y los clásicos que aparecen año tras año, de Antony a Bonnie “Prince” Billy, compartiendo espacio con los sonidos extremos –del doom vanguardista de Sunn O))) al art-rock de Health–, la electrónica más accessible (Pet Shop Boys, Junior Boys) y el rap de Raekwon.
El sonido del último disco de Dominique A, “La musique”, procede íntegramente de su trabajo en solitario en casa con un estudio de doce pistas. Nadie más interviene en las canciones. Y, sin embargo, estas se agrandan a medida que toman forma. Hasta el punto de que, en edición limitada, la entrega se convierte en un doble álbum con “La matière”, que explica mejor la evolución de este abanderado de la nueva canción francesa en las dos últimas décadas.
Aunque algunos académicos quieran hacer pensar lo contrario (y a menudo lo consigan), la música clásica del siglo XX puede ser una materia absolutamente emocionante que den ganas de conocer cada día algo mejor. Lo demuestra el crítico-literato Alex Ross en “El ruido eterno. Escuchar al siglo XX a través de su música”, ensayo inclusivo y pasional sobre la música clásica del siglo pasado y el tiempo que la hizo así.
Un hombre de mediana edad vuelve a casa tras su trabajo como agregado comercial en Pekín. Cena y comparte tiempo con su familia. Cuando ha caído la noche, se encierra en una habitación y, durante horas, genera bucles rítmicos de electrónica extrema. Ese hombre es Arturo Lanz, líder de Esplendor Geométrico.