El trazo grueso ha pasado a ser arte fino de la mano de Keith Schofield. Ya notábamos en “Heaven Can Wait”, para Charlotte Gainsbourg y Beck, que lo suyo era elevar el surrealismo a un estadio de un humor en algún lugar entre el cine indie, la idea macabra y el pasote lisérgico. Tanto en sus campañas publicitarias (recordemos aquella para Diesel donde trabajaba con porno vintage e ilustraciones) como en su tarea como realizador de videoclips, ha demostrado que su labor no solo consiste en la yuxtaposición de situaciones delirantes.
Schofield es un grande también en las distancias largas, como demuestra este “Big Bad Wolf” para Duck Sauce (el proyecto de Armand Van Helden y A-Trak), donde juega visualmente al crescendo de lo grosso y peludo como si de una balada de Roy Orbison se tratara: empieza suave y sube, sube, sube hasta quedarse arriba en un gorgorito eterno y fanfarria de trompetas celestiales. No hay descanso para la risa. Y a pesar de lo aparentemente burdo, en ocasiones rebosa finura e inteligencia en la resolución visual. Funciona el estupor, porque lo imaginado como peor se puede ver ejecutado, y la acumulación sobre un concepto simple sigue, sigue y sigue. Queroseno puro que no es aconsejable ver en la oficina. ![]()







