En el género del vídeo promocional de música pop, además de haber cambiado la forma desde la década de 1990 para convertirse en un crisol de propuestas y crossovers audiovisuales, también ha cambiado definitivamente el canal de difusión. La televisión como medio principal ha muerto. A pesar de ser cosa sabida desde hace un lustro, nunca hasta ahora podíamos haber dicho que hubiéramos podido programar sesiones enteras de vídeos de las características de “Fantasy”, o navegar y navegar entre hipervínculos sin toparnos con artistas mainstream y acertar con joya tras joya. Porque con el reinado de la tele, se ha muerto la programación absurda. Tanto que hasta los artistas de majors apuestan ya por este tipo de realizaciones.
Los grupos en todo el mundo se alían con cualquier realizador que tenga algo que decir. Muchos de ellos trabajan sobre conceptos afines a la canción, pero empiezan a ser legión los que crean una obra completamente nueva para contrastar con la música. Como el caso que nos ocupa. El tema de DyE está ilustrado por el enfant terrible de la animación francesa Jérémie Périn. Y ni más ni menos que propone un cortometraje que va desde el cliché teenager hasta el grand guignol. Dos parejas de adolescentes se cuelan en una piscina para un baño nocturno y dar rienda suelta a las hormonas. El punto de giro se tiñe de Lovecraft y de soluciones espectaculares de herencia de anime japonés. Un acercamiento totalmente tangencial a la canción. Y, sin embargo, funciona. ![]()







