Yoann Lemoine es un realizador francés de videoclips para Kate Perry, Mistery Jets, Yelle y The Shoes. Pero resulta que también es el músico que se esconde bajo el pseudónimo de Woodkid. Para lanzar su primer single, decide dirigir él mismo el vídeo. Y entrega una apuesta épica con matices. El estilizado trabajo en blanco y negro en formato panorámico, con animales y ardor guerrero en slow motion y un final propio de “Juego de tronos”, esconde un tesoro: una idea simplísima, incluso desarmante en su sencillez, que funciona por acumulación de referencias y virtuosismo al ejecutarlas, cameo de la top inglesa Agyness Deyn mediante.
Plantea la presentación de unos personajes y su reacción ante una adversidad en un vídeo de dos tiempos: contemplación y acción. Y lo hace en el contexto de un plató vacío y un fondo nebuloso, lo que provoca que toda la atención del espectador se recree en los gestos de los personajes. Excesivo en todos los sentidos, el vídeo atesora un millón cien mil visitas (la intensidad del rebote es incalculable) solo en el canal de Vimeo de un artista que hace cuatro días no existía. Pero, ¿no había muerto el videoclip como herramienta de promoción? ![]()







