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ÁLBUM (2012)

ACTRESS R.I.P

Honest Jons
ACTRESS, R.I.P
 

Pese al marco filosófico y religioso que ha rodeado “R.I.P” desde el primer momento y sobre el que el propio Darren J. Cunningham se ha explayado en varias entrevistas, lo que ha hecho de Actress uno de los mejores productores de los últimos años y de “R.I.P” un disco inestimable no es su afán por ahondar en las preguntas sobre nuestra existencia, sino la capacidad para hacer que el corazón, el cerebro y el cuerpo se alineen en sus temas en un mismo estado latente en el que uno siente, piensa y reacciona, pero sin saber cómo o por qué. Por más que trates de descubrir la geometría de su sonido, de hallar un sentido, el enigma prevalece. Todo son conjeturas.

Dejando “Hazyville” (2008) a un lado –Cunningham ha prometido que “Ghettoville”, una secuela de aquel primer álbum que planea terminar en Jamaica, llegará probablemente este mismo año–, “R.I.P” es la consumación de un proceso que se inició con “Splazsh” (2010): todo lo que cristalizó en aquel disco se corrompe y disgrega hacia lo abstracto, lo etéreo, lo inasible. El alma de la música flota por encima de los restos de un sonido en constante estado de descomposición. Podría ser una metáfora que tomara la dicotomía con la que Freud formuló las pulsiones del inconsciente, según la cual “Splazsh” sería el Eros –la acción y la vida; la voluntad de crear y construir; de dominar, invadir y perpetuar– y “R.I.P” el Tánatos –la autodestrucción como expresión del deseo de regresar a un estado inorgánico inicial, a la paz absoluta–.

Es la narrativa lo que abruma, no la cualidad degradada del sonido: el modo en que Cunningham ha concebido los desarrollos, los cambios y la aparente falta de conexión del álbum como discurso. Aunque casi la mitad de estos quince cortes siguen una lógica rítmica de cuatro por cuatro, la rigidez del ritmo se ha fracturado; el Actress de “R.I.P” se mide en otros parámetros. Igual que en la leyenda sobre el origen del tangram chino, una vez roto, el mosaico no puede recomponerse según su forma original, pero sí resolverse de muchas otras.

“Jardin”.

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