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ÁLBUM (1988)

ANITA BAKER Giving You The Best That I Got

Elektra-WEA
ANITA BAKER, Giving You The Best That I Got
 

Con tres discos lo ha logrado. A sus 30 años Anita Baker es la indiscutible reina del soul en los ochenta. NADIE puede hacerle sombra. El prodigio de su voz, cremosa y dura, líquida y sensual, moldeable, desgarrada y ardiente; la maestría en su dominio del fraseo y la elegancia con que traspasa la fina línea que existe entre la desesperación y la confidencia no encuentran equivalente en un mundo en el que otras distinguidas vocalistas se dedican con menor o mayor fortuna a ilustrar trepidantes viñetas de funk-soul o a adornar AOR ennegrecido. Anita Baker es soberana de otro reino: el del soul sedoso e íntimo, lujoso y carnal; es la domadora de baladas de terciopelo que se aposentan en los corazones para hacerlos estallar de gozo y de pasión.

Atrás quedan los tiempos de sus escarceos primerizos como vocalista sin fortuna en un grupo funky de su Detroit natal, Chapter 8, y los problemas con Otis Smith, capo de Beverly Glen Records, sello que le patrocinó en 1983 “The Songtress”, su debut como solista, un disco que, a pesar de su distribución restringida, le proporcionó un estatus de culto entre los acérrimos del soul menos sintetizado y maquinal. “Rapture” (1986), ya en Elektra y editado aquí entre la más absoluta indiferencia, vendió millones de copias y se encaramó en los puestos de honor de las listas de medio mundo.

Su regreso no trae ninguna sorpresa inesperada: como en los anteriores, cuatro canciones por cara; como en el precedente, variedad de compositores proveyendo el material baladístico para la dama; como en “Rapture”, producción intachable y milimetrada de Michael J. Powell, guitarrista en Chapter 8 que se ha convertido en el hombre de confianza de Anita. Y, por encima de todo, ella, exigiendo un estricto control sobre lo que interpreta, supervisando a los renombrados músicos de sesión.

El extraordinario “The Songtress” se vio superado por la casi absoluta perfección de “Rapture” –una de las cumbres de la black music de todos los tiempos–, pero “Giving You The Best That I Got” (1988) no iguala esta proeza. Aquí el cóctel de distinción majestuosa y emocionada queda un poco más deslucido por la entidad de unas (buenas) composiciones que están por debajo de la categoría de la intérprete. Hay momentos que la muestran en todo su esplendor (“Good Enough”, donde destapa toda su admiración por Sarah Vaughan y otras diosas de jazz), pero Anita Baker, dueña de una garganta fuera de lo común, necesita canciones que se salgan de la norma, y eso es algo que no abunda en nuestros días. En cualquier caso, soul de cinco estrellas capaz de derretir al más escéptico.

“Good Enough”.

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