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ÁLBUM (2005)

ANTONY AND THE JOHNSONS I Am A Bird Now

Secretly Canadian-Green Ufos
ANTONY AND THE JOHNSONS, I Am A Bird Now
 

Si alguna vez has sentido debilidad por Jimmy Scott, Nina Simone, Lotte Lenya, Billie Holiday, Judy Garland, Ella Fitzgerald, Ray Charles, Otis Redding, Scott Walker, Diamanda Galás, Elisabeth Fraser, Boy George, Klaus Nomi, Kate Bush, Marc Almond, Alison Moyet o Bryan Ferry, juntos y revueltos, o por separado, la voz de oro del andrógino Antony, erigido en portavoz de “ese” tipo de sensibilidad, debería dejarte pasmado con tanta belleza concentrada. Este inglés afincado en Nueva York que se estrenó con el extraordinario “Antony And The Johnsons” (2000) tenía un sueño: ser un artista travestido bañado en luz azul, como Isabella Rossellini en “Terciopelo azul”, cantando a las 3 a.m. en algún tugurio nocturno (“Here in the city that never sleeps”, susurraba en ese debut, recientemente reeditado). Finalmente, parece que conseguirá algo más que eso.

En su nuevo disco colaboran Lou Reed, Devendra Banhart, Boy George y Rufus Wainwright (también su amig@ sexagenari@ Julia Yasuda, hermafrodita de origen japonés habitual de la trasnoche neoyorquina recitando un poema, “Free At Last”) para relanzar la trayectoria de un tipo enorme que todavía no ha perdido la inocencia.

La voz neooperística de Antony, marcada por la tradición negra, arranca lamentos con el desgarro del blues y la catarsis del soul, y se adorna con los melismas del gospel. El acompañamiento clásico de su música supura romanticismo; podría ser jazz o también dark cabaret gay, pero siempre de categoría superior. En sus letras, vulnerables, hay deseo pero también oscuridad, la que sugieren las heridas de la soledad, la pena y el dolor que conlleva la sumisión ante la dominación en las relaciones de amor y/o sexo. La música de Antony es dramática, emocional y lírica porque Antony vive la vida de una manera dramática, emocional y lírica.

Él fue quien cantó “Candy Says” en los conciertos de la gira 2003 de Lou Reed que dio pie al disco en directo “Animal Serenade” del ex-Velvet. Y nadie mejor que Antony para releer la historia drag del mito warholiano Candy Darling; su foto viste de glamour y tragedia la portada de este “I Am A Bird Now” y ofrece la pista definitiva sobre el mundo primero soñado y después vivido por Antony: “Candy says I’ve come to hate my body…”.

 
ANTONY AND THE JOHNSONS, I Am A Bird Now

Homenaje al mito warholiano Candy Darling: glamour y tragedia en la portada de “I Am A Bird Now”. Foto: Don Felix Cervantes

 

Así que no extrañan la angustia y el tormento de sus confesiones personales, y de sus elegías a amigos que ya no están, en reflexiones poéticas, metáforas religiosas incluidas, donde se masca la desgracia. Pero también la lucha, quizá sedada con nostalgia o melancolía, por reafirmarse; como si Divine cantara el “I Will Survive” de Gloria Gaynor a cámara lenta.

En la formación actual de The Johnsons, su orquesta de bolsillo, sólo permanece el batería Todd Cohen (ya presente en el ensemble cabaretero Blacklips, colectivo de mala vida que acogió también a Antony a principios de los noventa) desde la grabación de las catedrales melodramáticas y masoquistas que dieron vida a “Antony And The Johnsons” (disco mezclado por Hahn Rowe, ex Hugo Largo; otro detalle distintivo).

Digamos ya que es mejor, más arrebatador, emocionalmente hablando, ese debut (una exquisitez absoluta; reitero) que el nuevo “I Am A Bird Now”, asimismo notable pero con aroma a trabajo coyuntural a la búsqueda de un espacio privilegiado para su autor, el que sin duda merecen la voz y las canciones de esta anomalía llamada Antony; de ahí la ayuda amistosa de esta constelación de estrellas de diversas generaciones tangencialmente relacionadas con lo que se supone que motiva o inspira a Antony, también lo que le perturba y le sirve de modelo: el wild side (más o menos).

El dueto confesional con Boy George, ese antecedente amable del propio Antony, peca de baladismo a lo Culture Club, a pesar de la guitarra  de Devendra Banhart. La intervención invitada de Rufus Wainwright, sentido minutito y medio, hubiese quedado mejor en un disco suyo o en uno de Radiohead. Lo de Lou Reed, más su guitarra, en “Fistful Of Love” (mención a una línea de un poema de Marc Almond) es un speech introductorio de veinte segundos preparándole el terreno a Antony en un derroche canónico de soul con vientos. Y el iluminado Devendra pone treinta segundos de voz en llamas y lloros a una nana antes de entregar la antorcha a nuestro protagonista. Así las cosas, a Antony le quedan cinco cortes para él solo, y lo mejor llega cuando las cuerdas hacen crecer el drama y el piano (tocado por él) las acompaña: “Man Is The Baby” y “Bird Gerhl”.

Consejo práctico: empieza por este disco y necesitarás continuar con el anterior.

“Bird Gerhl”.

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