Tras un prometedor EP (“See Birds”) que ya marcaba una senda propia dentro del ¿género? del witch house y un proyecto paralelo –Etherea– en el que daba rienda suelta a su lado más pop, bailable y remixológico, Balam Acab, el neoyorquino de apenas 20 añitos Alec Koone, ha publicado una obra que mucha gente rápidamente ha comparado con el sonido de las producciones de Burial, pero que en realidad se ubica en un punto desconocido entre la psicodelia pop de Animal Collective, los drones de los primeros Seefeel, la IDM apaisada y melódica de Boards Of Canada, la indietrónica más trónica de ISAN, los ecos vocales del nuevo R&B narcotizado por el dubstep (The Weeknd, James Blake) y la bruma del ambient aislacionista.
Concebido por el propio Koone más como una única pieza musical que como un conjunto de canciones, en apenas media hora el disco consigue subyugarte y evadirte con su propia (luminosa) interpretación de la melancolía gracias a una particular mezcla de colchones rítmicos perezosos, intensos subgraves y sampleadas melodías vocales de helio envueltas en dulces reverberaciones. La banda sonora ideal para un viaje opiáceo. Imposible no caer rendido ante el post-R&B de “Apart” y “Motion”, las canciones de cuna para un futuro venidero de “Expect” o “Now Time”, la ensoñación pop de “Oh, Why” –deudora de la escuela islandesa– o el score que Steve Zissou hubiese soñado para sus documentales marinos (“Await”). Demasiado pronto para encumbrarlo al nivel de obra maestra, pero sin duda uno de los discos del año. ![]()


























