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ÁLBUM (2016)

BEYONCÉ Lemonade

Parkwood-Columbia-Sony
BEYONCÉ, Lemonade
 

Tras celebrar su fastuoso matrimonio en “4” (2011) y “Beyoncé” (2013), la diosa de Houston reaparece más dolida que nunca por lo que parece ser una infidelidad de Jay-Z. En base a esa supuesta traición construye el arco narrativo del disco, que engloba desde la sospecha (“Pray You Catch Me”) y la confirmación del engaño (“Sorry”) hasta el reposicionamiento final de “Formation”. La excusa conceptual merece ser cuestionada como puro marketing –la pareja ha venido jugando en escena con la idea del divorcio desde su gira conjunta de 2014–, pero, en cualquier caso, triunfa la idea de una cantante que airea sentimientos con entereza.

Es en la película que acompaña a este su segundo álbum visual donde Beyoncé logra ejecutar la pirueta maestra, al enlazar dicho relato personal con el orgullo de otro de carácter universal. Haciendo suyas las voces de Malcolm X, del movimiento Black Lives Matter y de la joven poetisa keniana Warsan Shire, consigue extrapolar el gran tema de su carrera (la reivindicación del poder femenino) hasta el ámbito social y político de la vulneración de derechos de la comunidad afroamericana.

En lo musical, el ambicioso scope diseñado para su antecesor alcanza un tono aún más cinematográfico. “Lemonade” se despliega como un abanico sonoro que devora con pasmosa naturalidad cualquier género que se ponga por delante, barriendo rock, soul, blues y future beats. Diplo ayuda a aligerar el metraje con brisas jamaicanas (en “All Night” y “Hold Up”, donde resucita a Andy Williams), BOOTS se encarga de servir bien ácidas la lujuria y la avaricia en “6 Inch” (coescrita junto a Terius Nash), y hasta el country asoma en un sorprendente guiño a sus años de formación en Texas (“Daddy Lessons”).

Por otro lado, la manera que la diva tiene de fagocitar las estéticas de sus invitados es arrolladora. Sabe ponerse ingrávida, indolente o demoníaca según toque interpretar junto a The Weeknd, James Blake o Jack White; y hacerse con samples de Led Zeppelin, OutKast, Isaac Hayes o los mexicanos Kaleidoscope mediante espectaculares apropiaciones. Su poderío explota del todo en el himno de soul racial “Freedom”, una eléctrica llamarada rematada por Kendrick Lamar que la coloca muy cerca de su admirada Tina Turner, y con la que fija a fuego su corona de artista total e insaciable.

“Freedom” (con Kendrick Lamar).

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