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ÁLBUM (1958)

BILLIE HOLIDAY Lady In Satin

Columbia
BILLIE HOLIDAY, Lady In Satin
 

Lady Day. Uno de los mitos del siglo XX, la cantante más grande de la historia del jazz. Pero en los años cincuenta, a pesar de su fama, su voz había perdido elasticidad, volumen y timbre. Y mientras sus cualidades vocales desaparecían, crecía su magnetismo, que alcanzó gigantescas proporciones en este “Lady In Satin”, el disco más controvertido de su carrera. Para algunos, un trabajo sin el menor mérito artístico; para muchos, una de las grabaciones más sobrecogedores jamás oídas. Fue decisión suya utilizar cuerdas en lugar de una orquesta de jazz por primera vez en su carrera. Y eligió a un joven y casi desconocido arreglista llamado Ray Ellis. Lady Day cantó aquí los versos ajenos con tanto dolor como si hubiese vivido cada estrofa en sus propias carnes. Murió el 17 de julio 1959, un año y medio después de grabar esta obra, que fue escogida la número 64 de las imprescindibles del siglo XX en el Rockdelux 200. Esta es la apasionada crítica que escribió Roger Roca.

El gran saxofonista Lester Young la bautizó con el cariñoso apodo de Lady Day. Ella, Billie Holiday (1915-1959), le puso el de Pres. Eran los días felices, los últimos años treinta y los primeros cuarenta, cuando Billie Holiday deslumbraba con su voz sensual de corneta y su fraseo aún inigualado junto a Lester Young, Benny Goodman y otros grandes solistas en las mejores orquestas. Días en que Holiday, la mujer que hizo de la voz un instrumento más dentro del jazz, la que elevó la interpretación de canciones intrascendentes a la categoría de arte, era todo lo feliz que podía ser una mujer con su pasado. Una infancia marcada por el rechazo, la prostitución y los abusos no había sido suficiente para desanimar su vocación por la música.

En los años treinta la joven Billie Holiday era la reina del jazz. No hacía proezas vocales como el scat, pero su voz, flexible como un gato, jugaba con cada sílaba como si la hubiese escrito de su puño y letra. Para alcanzar el éxito, Billie tuvo que aguantar todo tipo de humillaciones por su doble condición de mujer y negra. Obligada a entrar por la puerta de servicio en los locales donde actuaba, estafada por empresarios y discográficas, Billie Holiday se metió a fondo en la heroína y en el alcohol, en una carrera hacia la muerte acelerada por el acoso de la policía antidroga y por su propia tendencia a las relaciones sentimentales destructivas.

La Billie Holiday de los años cincuenta, a pesar de su fama, no era, ni de lejos, la de los días felices. Su voz había perdido elasticidad, volumen y timbre. Pero mientras sus cualidades vocales desaparecían, crecía su magnetismo, que alcanzaba gigantescas proporciones en “Lady In Satin”, el disco más controvertido de su carrera. Para algunos, es un trabajo sin el menor mérito artístico, y disfrutarlo es casi como regocijarse en la miseria de una mujer en declive. Para muchos, es una de las grabaciones más sobrecogedores jamás oídas.

 
BILLIE HOLIDAY, Lady In Satin

Las míticas sesiones de grabación de “Lady In Satin” fueron el 19, 20 y 21 de febrero de 1958. Foto: Don Hunstein

 

En “Lady In Satin” Billie Holiday quiso un nuevo sonido, de satén, que la ayudara a sacar lo mejor de su maltrecha voz. Fue decisión suya grabar un disco con cuerdas en lugar de una orquesta de jazz por primera vez en su carrera, y ella misma eligió al hombre adecuado, un joven y casi desconocido arreglista llamado Ray Ellis. Quiso también que las canciones de “Lady In Satin” fuesen todas novedades en su ya amplio repertorio, y eligió un puñado de versiones que jamás había grabado. “For Heaven’s Sake” –casualmente escrita por una de las sopranos del coro que participó en el disco, Elise Bretton–, “The End Of A Love Affair” y, sobre todo, “I’m A Fool To Want You” han hecho crecer la leyenda de Billie Holiday tanto como su célebre “God Bless The Child”, un canto a la mujer autosuficiente que ella misma escribió muchos años antes pensando en su madre.

Lady Day canta los versos ajenos con tanto dolor como si hubiese vivido cada estrofa en sus propias carnes. Arropada por un fondo de violines, arpas, vientos y voces crepusculares, a años luz del swing sobre el que cabalgaba en sus mejores años, Lady Day se balancea, borracha de tristeza –y de alcohol: durante la grabación vació un inocente recipiente de agua y lo rellenó con ginebra–. Poco importa que a los arreglos les falte brío: igual que hacía su ídolo Louis Armstrong cuando cantaba en circunstancias adversas, Billie Holiday no escucha la pulsación de la orquesta, sino la que oye en su cabeza. Las sílabas se arrastran con tempo propio, nunca académicas, pero cargadas de un inmenso dolor.

Ellis confesó años después que le decepcionó la voz de Holiday durante la grabación, pero que tras volverla a escuchar cayó rendido ante su grandeza, como tantos otros lo harían después. Murió el 17 de julio 1959, un año y medio después de grabar “Lady In Satin”, víctima de su adicción a las drogas, pero también de los abusos de un mundo que fue demasiado cruel con Lady Day, la más grande voz del jazz.

“I'm A Fool To Want You”.

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