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ÁLBUM (1965)

BOB DYLAN Highway 61 Revisited

Columbia
BOB DYLAN, Highway 61 Revisited
 

Bob Dylan empezó a grabar el 15 de junio de 1965 “Highway 61 Revisited”, disco que se publicó dos meses después. Fue el segundo de una trilogía fundamental en la historia del rock, iniciada ese mismo año con “Bringing It All Back Home” y completada en 1966 con el doble “Blonde On Blonde”. Contiene el tema “Like A Rolling Stone”, una de las piezas referenciales de siempre (tercera mejor canción de la historia del siglo XX según el Rockdelux 150). La música cambió durante esos años, y Dylan fue responsable directo de ese cambio. Este LP ocupó el puesto número 32 en la lista de los mejores discos del siglo XX que se publicó en el Rockdelux 200. Esta es la crítica que firmó Quim Casas en aquel extra conmemorativo.

El productor Joe Boyd trabajó como mánager y responsable de la sonorización en el festival de folk de Newport de 1965, recordado porque Bob Dylan electrificó allí su música y dejó a la platea dividida entre los incondicionales del folk protesta, que no aceptaban los aires rockeros del cantante de Minnesota, y los que entendieron que aquello era algo más que un mero capricho de folk singer tentado por el rock ácido. En una entrevista incluida en el libro de John Bauldie “Bob Dylan. Se busca” (Celeste, 1994), Boyd recordaba así el día en que Dylan cogió la guitarra eléctrica, secundado por los miembros de la Paul Butterfield Blues Band y el organista Al Kooper, y empezó a tocar a un volumen altísimo “Maggie’s Farm”, incluida en su recién elaborado “Bringing It All Back Home” (1965): “Hay muchos momentos en que puedes mirar atrás y decir: ‘Bueno, después de aquella noche ya nada volvió a ser lo mismo’. Pero estar en el lugar donde lo sepas en el mismo momento en que está ocurriendo es muy poco frecuente... y aquello fue algo así. Sabías, mientras ocurría, que los caminos se habían separado”.

En “Bringing It All Back Home”, grabado en enero de 1965 con producción de Tom Wilson (que había trabajado para Cecil Taylor y Simon & Garfunkel, y más tarde lo haría con Frank Zappa & The Mothers Of Invention y The Velvet Underground), estaba el germen: Dylan incluyó varios temas con guitarra eléctrica. En agosto del mismo año, sin respiro alguno, apareció “Highway 61 Revisited”. La electrificación fue total, con la excepción de la larga “Desolation Row”, donde Dylan involucró en la misma fantasía a Einstein, Bette Davis, el Fantasma de la Ópera, Robin Hood, Ezra Pound, Caín y Abel, el jorobado de Notre-Dame y T.S. Eliot con la sola ayuda de la guitarra acústica y la inconfundible armónica.

 
BOB DYLAN, Highway 61 Revisited

A Dylan le resultaba indiferente que la escena folk se mostrara contrariada con el cambio de rumbo. Foto: Don Hunstein

 

La primera canción, “Like A Rolling Stone”, la única del disco producida por Wilson, tanteó previamente el mercado en forma de single. Qué más daba que funcionara o no. Dylan había tomado su camino. Le resultaba indiferente que la escena folk se mostrara contrariada con el cambio de rumbo y la subida de decibelios. El mensaje se convirtió entonces en metáfora; las palabras claras, en versos complejos. Al empuñar la guitarra eléctrica, Dylan dejó de ser trovador cristalino para convertirse en arquitecto sinuoso de las palabras. Y resulta curioso que lo hiciera con Bob Johnston a los controles y en los estudios de Columbia en Nueva York, ya que este productor de Nashville había trabajado con Johnny Cash y colaboraría después con Leonard Cohen en una línea muy distinta.

Pocos imaginaron que el título del tercer álbum de Dylan, “The Times They Are A-Changin’” (1964), resultaría tan profético, aunque no en el sentido social. Los tiempos habían cambiado e incluso el naciente folk-rock se abría a la psicodelia: “Fifth Dimension” (1966), de The Byrds, estaba a la vuelta de la esquina. Pero Dylan transmutó el folk en blues, apostó por el rock’n’roll –la canción “Highway 61 Revisited” plasma su forma de entenderlo– y por la inclusión del órgano, tocado por Al Kooper, como forma melódica. De la banda de Paul Butterfield se trajo a Mike Bloomfield, quien tejió el musculoso entramado de guitarras eléctricas. Abierto a todo, hasta incluyó el sonido manipulado de la sirena de un coche de policía, el signo distintivo del tema que da título al disco. Las historias narrativas –la chica bien convertida en mendiga de “Like A Rolling Stone”– alternaron con las frases en aparencia desconectadas entre sí de “Tombstone Blues” y los juegos malabares en la frontera de “Just Like Tom Thumb’s Blues”, aunque nada mejor que las cinco historias independientes que utilizó para retratar la Autopista 61.

“Desolation Row” despedía aquella magnífica aventura. A Dylan le esperaban Johnston y Kooper, ahora en Nashville, para redondearla con “Blonde On Blonde” (1966).

“Like A Rolling Stone”.

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