×

USO DE COOKIES

Este sitio web utiliza Cookies propias y de terceros, para recopilar información con la finalidad de mejorar nuestros servicios, para mostrarle publicidad relacionada con sus preferencias, así como analizar sus hábitos de navegación. Si continua navegando, supone la aceptación de la instalación de las mismas. El usuario tiene la posibilidad de configurar su navegador pudiendo, si así lo desea, impedir que sean instaladas en su disco duro, aunque deberá tener en cuenta que dicha acción podrá ocasionar dificultades de navegación de la página web.

Aceptar Cómo configurar

Cargando...
 

ÁLBUM (2006)

BOB DYLAN Modern Times

Columbia-Sony
BOB DYLAN, Modern Times
 

A una edad en que gran parte de los mortales sueñan con disfrutar de la jubilación (cumplió 65 años el pasado 24 de mayo), Bob Dylan está viviendo una esplendorosa y ¿tercera? juventud artística. Al de Duluth le debe de importar un pimiento, claro, pero sus fans llevan varios meses de dylaniana enhorabuena. El pasado año, sin material nuevo, fue casi un no oficial Año Dylan, con el magistral documental de Martin Scorsese como pieza de resistencia para activar la fuerza de un pasado que, más que aniquilar los reflejos del presente, parece que ha servido de acicate para volver a sentir el cosquilleo de la creación. Y el bueno de Bob ha encontrado un hueco en el interminable Never Ending Tour para registrar diez nuevas composiciones, las primeras desde “Love And Theft” (2001). Tanto este álbum como el precedente –“Time Out Of Mind” (1997)– mostraron al cantautor ensimismado con los olores y sabores del pasado, buceando a pulmón libre en el Gran Libro de la Canción Popular Norteamericana. Discos notables –especialmente el de 2001, ya sin Daniel Lanois en la mesa de control– que mantenían la leyenda a flote sin tener que recurrir a chirriantes excentricidades de marketing.

En la entrevista que concedió al escritor Jonathan Lethem poco antes de la publicación de “Modern Times” (gran título: además de la ironía implícita, reverencia a su admirado Charles Chaplin), Dylan se despachó a gusto contra las nuevas técnicas de grabación y distribución de la música, llegando a afirmar que no había escuchado nada decente en los últimos veinte años. ¡Pillo! ¿Incluye en ese “nada decente” sus propios discos? Y en cuanto a las nuevas tecnologías, echen un vistazo a iTunes: ahí se vende una caja digital con ¡773 canciones! de Dylan. Pero olvidemos las contradicciones, algo inherente en toda la trayectoria de Mr. D. Las buenas nuevas están en estos “Tiempos modernos”, una hora larga de ambrosía musical y poética grabada en poco menos de dos semanas en las cercanías de Nueva York con su quinteto de directo habitual, sin “intervenciones”: Dylan, más que nunca, ya no admite consejos ajenos y firma la producción con el seudónimo de Jack Frost. Solo él sabe cómo suenan las canciones en su cabeza e intenta transferirlas tal cual para una posteridad que no le interesa, pero que va dejando exquisitas migajas para los estudiosos del futuro. ¿Hay algún artista pop con una trayectoria más documentada que la de Robert Zimmerman? Se admiten apuestas.

 
BOB DYLAN, Modern Times

Dylan: patrimonio colectivo al que él insufla nueva vida. Uno de los discos del año, de cualquier año. Foto: David Gahr

 

Desde el principio de su carrera, Dylan quiso ser un eslabón más en la cadena de los trovadores que servían como eco de las penas y alegrías del pueblo norteamericano. Woody Guthrie fue su matriz. Su genialidad fue no quedar aprisionado por el modelo: este le sirvió únicamente como luz en la que empezar a reflejar el volcán de un talento indomable, torrencial e independiente. Pero nunca olvidó su ideal de eslabón y cadena, y “Modern Times” es una de sus mayores afirmaciones en este sentido: aquí reproduce muchos de los estilos que han ido configurando el gran tapiz de la música popular norteamericana remodelando rock’n’roll, country, swing, jazz, valses, blues y baladas sin miedo a la cita explícita o al (casi) plagio orgulloso (se ha hablado mucho de las similitudes de “Rollin’ And Tumblin” con un tema de Muddy Waters fijado en 1950: las hay, desde el título; sin esconderse). Dylan recurre a frases o temas que son patrimonio colectivo y les insufla nueva vida sin desvirtuar su origen. No es copia: es conocimiento, sabiduría, respeto. “I keep recycling the same old thoughts”, dice en “Someday Baby”. ¿Más claro? “Modern Times” flota mientras suena como una cápsula sin referencia temporal. Habría sido actual hace quince años, lo será dentro de cincuenta. La música –guitarras, piano, armónica, violín, bajo, percusión– se despliega con serenidad y calidez dejando sin esfuerzo profundas huellas en la memoria. Es un resorte para viajar a otros tiempos sin perder el presente de vista. Y la voz, esa no-voz nasal y rota, se arrastra sobre las palabras acariciándolas, retorciéndolas, dotándolas de un sentido que únicamente lo tiene en su exactitud cuando sale de la garganta de su creador.

Y los textos, siempre un campo de minas en el opus dylaniano, se recrean, entre la metáfora insondable y la claridad más lineal, sobre los eternos temas del amor (mucho, mucho amor), la religión, la muerte y las rápidas alusiones al presente (aquí pueden leerse, si se quiere, referencias al desastre del Katrina, a la especulación o a la deslocalización laboral). “Sleep is a temporary death”, setencia en “Workingman’s Blues #2”. El Bob Dylan del siglo XXI está muy, muy despierto. ¿O hay alguien más capaz de cerrar un disco con algo tan majestuoso como “Ain’t Talkin’” ? Los dylanólogos se encargarán de encontrarle su lugar a “Modern Times” dentro de la catedral del de Minnesota. Hoy, ahora, se puede afirmar que es uno de los grandes discos del año, de cualquier año.

“Workingman's Blues #2”.

Arriba