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BOX SET (2010)

BOB DYLAN The Original Mono Recordings

Columbia-Sony
BOB DYLAN, The Original Mono Recordings
 

Este box set contiene los ocho álbumes iniciales de Bob Dylan por primera vez en mono en formato CD. De “Bob Dylan” (1962) al country “John Wesley Harding” (1967), es una muestra más del poder absoluto del músico como creador de mundos únicos. Sigue apabullando su talento, como confima Nacho Para en esta revisión de sus años gloriosos.

Vaya por delante una apreciación del propio Bob Dylan: “Da igual cómo se graben mis canciones. Lo importante son las diferentes vidas que acabarán cobrando. Yo no fabrico piezas de museo a las que no se les permite evolucionar”. Desde su perspectiva, el debate técnico sobre si su música suena mejor en mono (como se editaron originalmente los vinilos de 12”) que en estéreo resultaría completamente estéril y tedioso.

Sin embargo, el asunto es digno de mención: sus ocho primeros elepés, en la versión que recoge “The Original Mono Recordings”, se escuchan endiabladamente cercanos. Un sonido cálido, sólido, directo y con mejor balance entre los instrumentos que en los estéreos disponibles. Considerables mejoras técnicas, con evidentes consecuencias sensoriales, que traen de vuelta a casa el sonido que buscaba Dylan entonces, obnubilado con Hank Williams y Elvis Presley, esas voces que se colaban por la radio en riguroso mono en sus noches adolescentes de Minnessota. Nada de sonidos expandidos, de sofisticaciones panorámicas. Ningún artificio beneficia esa voz nasal que dispara imágenes a quemarropa, ni esa armónica afilada como un cuchillo.

Dylan tampoco es mucho de mirar atrás, como dejó bien claro en “Dont Look Back” (1967), de D. A. Pennebaker, impactante ejercicio de cinema vérité que contextualiza el proceso de electrificación de Dylan, aquel cisma con el folk que Pete Seeger intentó atajar cortando los cables con un hacha en el festival de Newport. Pero, vale, está bien, miremos atrás. Intentemos explicar cómo ocurrió todo.

“Bob Dylan” (1962), su debut, podría haber sido perfectamente un disco eléctrico, con un “The House Of The Rising Sun” adelantado en dos años a la incendiaria versión de The Animals. Pero no, se eligió una estrategia de revolución paulatina, y fue un acierto. Dylan ya había tocado con bandas de rock, aunque en Nueva York se hizo pasar por la versión masculina de Joan Baez para abrirse hueco. El primer Dylan, ese Dylan aniñado, a medio camino entre Huckleberry Finn y Woody Guthrie, se presenta en formato acústico, áspero y espartano, con una colección de versiones folk con un punto ácido desconocido –“Man Of Constant Sorrow”, “Pretty Peggy-O”– al lado de la primera composición propia, “Song To Woody”, toda una declaración de intenciones.

 
BOB DYLAN, The Original Mono Recordings

“Da igual cómo se graben mis canciones. Yo no fabrico piezas de museo a las que no se les permite evolucionar”.

 

En “The Freewhelin’ Bob Dylan” (1963), pese a ser el disco protesta por antonomasia, resplandece ya una inquietante actitud prepunk, teniendo en cuenta que para los Sex Pistols aún faltaba una década y media. Ráfagas apocalípticas y visionarias, pasajes bíblicos traídos al blues, un fraseo que taladra, unos versos que noquean, canciones irrepetibles como “Blowin’ In The Wind”, “Masters Of War”, “A Hard Rain’s A-Gonna Fall”, un cantautor protesta que se sale del tiesto con caprichos (“Don’t Think Twice, It's All Right”), baladas de amor (“Girl From The North Country”) y un humor absurdo (“Bob Dylan’s Dream”, “Bob Dylan’s Blues”) del que carece la escena de Nueva York.

Preparando jugadas de mayor calado, “The Times They Are A-Changin’” (1964) no marca un paso estilístico. Si acaso, Dylan se vuelve más purista y, por tanto, más previsible. Canciones protesta pegadas a la actualidad –“Ballad Of Hollis Brown”, “The Lonesome Death Of Hattie Carroll”– se combinan con himnos antisistema como “With God On Our Side” y “Only A Pawn In Their Game”. El absurdo se ha evaporado, pero sigue habiendo chispa –“One Too Many Mornings”– y refinamiento –“Boots Of Spanish Leather”–.

En “Another Side Of Bob Dylan” (1964) demuestra lo variado que puede llegar a ser. Dylan expande su sonido, se vuelve endiabladamente imaginativo, con una poesía que atrapa por bella y desconcertante. Formalmente es folk, incluso la actitud, pero el resultado va más allá, lleva a otra parte. “All I Really Want To Do”, “I Don’t Believe You (She Acts Like We Never Have Met)”, “Chimes Of Freedom”, “My Back Pages” e “It Ain’t Me Babe” son una ventana abierta al nuevo universo dylaniano que está por llegar.

El lado eléctrico de “Bringing It All Back Home” (1965) –con la joya de la corona “Subterranean Homesick Blues”, casi hip hop– sirve en bandeja una descomunal descarga, “Highway 61 Revisited” (1965), con un Michael Bloomfield guitarreando como si el mundo fuera a acabarse y un Dylan mutante, a veces sabio, a veces cínico, a veces críptico, a veces bufón. Un forajido del folk cabalgando un caballo en llamas. Si estaba buscando el sonido mercurial, cualquier cosa que eso fuese, ya no andaba lejos. Desde el primer disparo –el aún escalofriante “Like A Rolling Stone”–, el disco no deja de sorprender, bien a través del folk-rock reflexivo (“Desolation Row”), el blues arrastrado (“It Takes A Lot To Laugh, It Takes A Train To Cry”) o el desparrame garagero (“Tombstone Blues”, “From A Buick 6”, “Highway 61 Revisited”). Mucho se ha especulado sobre las sustancias que tomaba entonces Dylan, pero hoy parece claro que la sustancia era él.

 
BOB DYLAN, The Original Mono Recordings

La inagotable y cada vez más disparada literatura de Dylan abre caminos en mil direcciones.

 

La tormenta se aposenta en “Blonde On Blonde” (1966), densa, elegante, punzante y amena amalgama de blues, country, rock y folk. La guitarra de Robbie Robertson (The Band) conduce la música a un terreno mucho más rico y profundo. La inagotable y cada vez más disparada literatura de Dylan abre caminos en mil direcciones. “Visions Of Johanna”, “Just Like A Woman” y “Sad Eyed Lady Of The Lowlands” demuestran un estado de gracia inalcanzable para los mortales. Jackson Browne dijo: “Este disco me animó a seguir, al tiempo que me daba cuenta de que, hiciera lo que hiciera, nunca sería como él”. Por contra, en la descacharrante “Rainy Day Women #12 & 35”, Dylan vuelve a dar saludables muestras de no tomarse en serio.

Luego vendría el nunca aclarado accidente de moto. En cualquier caso, un descanso necesario después de semejante orgía creativa. Hay quien sostiene que ya nunca volvería el mejor Dylan, aunque el Dylan de la última década, la primera del siglo XXI, haya vuelto a poner el listón alto, si bien con otras armas. “John Wesley Harding” (1967), postrero disco de esta colección, es un acercamiento al country apacible, un disco reflexivo con declaraciones amorosas (“I’ll Be Your Baby Tonight”) y un amplio espectro de mitos rurales y bíblicos (“All Along The Watchtower”, “I Dreamed I Saw St. Augustine”, “The Wicked Messenger”).

“Blowin’ In The Wind”.

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