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ÁLBUM (1974)

CÁNOVAS, RODRIGO, ADOLFO Y GUZMÁN Señora azul

Hispavox
CÁNOVAS, RODRIGO, ADOLFO Y GUZMÁN, Señora azul
 

Número 11 de los mejores álbumes españoles del siglo XX según el especial del Rockdelux 223, “Señora azul” es una obra única y decididamente atemporal edificada a partir del talento de cuatro músicos con solera hermanados en unas canciones de pop-folk acancionado con arreglos brillantes y letras depuradas. Guillermo Z. del Águila comentó el disco en aquel número conmemorativo del veinte aniversario de la revista. Aquí, la crítica, recuperada ahora, cuando se cumplen cuarenta años de la publicación de “Señora azul”.

El germen de este disco de Cánovas, Rodrigo, Adolfo y Guzmán está en el no menos fabuloso “Solera” (Hispavox, 1973) de Solera, la banda que Rodrigo García (guitarra y acompañamientos) y José María Guzmán (bajo y acompañamientos) compartieron con los hermanos Martín. Estos habían grabado antes su folk más psicodélico como José y Manuel (cuyo camino se había cruzado con Nuevos Horizontes, semilla de Vainica Doble). Los primeros se unieron a Adolfo Rodríguez (vocalista de Los Íberos) y el batería Juan Robles Cánovas para continuar su rock acústico armonizado con una riqueza sonora ayudada por Rafael Trabucchelli (productor de la factoría Hispavox con enorme y variado currículo), un especialista en dotar a cada canción de su particular sonido, adornándola con multitud de instrumentos alternados con una sutil sabiduría que siempre evita abrumar. Sumado esto a la diversidad de la banda –cuatro músicos curtidos con talento, muchas ideas y pocos corsés–, el resultado derrocha riqueza cromática.

Por “Carrusel” pasean un sintetizador marciano, un intrigante interludio con sabor a jazz de Nueva Orleans y armonías vocales que buscan más allá de The Bee Gees. El fondo musical de “Don Samuel Jazmín” lo mismo suena a ragtime que a vodevil. “El río” alterna entre el folk bucólico de las estrofas y el beat electroacústico del estribillo. “Buscando una solución” consigue un aire onírico de calipso crepuscular que conjura la placidez perezosa que evoca el tema. “María y Amaranta” tiene un misterio de psicodelia folk pastoral que sirve de lienzo perfecto para la poesía de Rodrigo. “Supremo director” raciona las descargas eléctricas sobre la acústica de la Costa Oeste (aquí sí que suenan a Crosby, Stills, Nash & Young), con detalles de fondo (vibráfonos, órgano y un interludio disonante que encaja a la perfección) aportando ese punto más.

 
CÁNOVAS, RODRIGO, ADOLFO Y GUZMÁN, Señora azul

Los cuatro fantásticos de unas canciones sin edad: Rodrigo, Cánovas, Guzmán y Adolfo, leyendas eternas del pop español.

 

Descubrir plenamente este disco con sucesivas y atentas escuchas es un placer. La producción, y la elaboración de los arreglos, es tan sutil que hace su enorme trabajo desde la sombra: a primera escucha, “Nuestro problema” parece tener poco más que la voz de Rodrigo, el ritmo y su guitarra, cuando en realidad esconde detalles y armonías que la encumbran. “Solo pienso en ti” es digna de estudio: tras la cortina preciosa de la guitarra acústica asoma un rasgado violín country que es sustituido más tarde por una cascada de elegantes cuerdas, y luego aparece un piano jugando con los arpegios cristalinos de la guitarra. “Señora azul” (quizá la de producción más floja) es la más beatlemana de todas: las estrofas-estribillos crecen como un himno a lo “Hey Jude” o “Let It Be”.

Las voces (la expresividad de Adolfo, capaz de sonar dulce como una caricia en “Si pudieras ver”, áspero y seco en “Don Samuel Jazmín”) y la particular conjunción de las armonías vocales mantienen una sensación de unidad en la diversidad del álbum. Las composiciones también se suman a la variedad, siempre desde un alto nivel de calidad. José María Guzmán deja su sello: “Buscando una solución” muestra su placidez melódica; “El río” es una embriagadora maravilla de pop bucólico con un estribillo eufórico ante el que hay que rendirse; otra incontestable es “Supremo director”, que regala melodías generosamente sobre una estructura más clásica de rock; y “Si pudieras ver” es un baladón con todas las papeletas para tornarse empalago melodramático, pero se mantiene puramente sentimental, invocando un cierto misterio psicodélico y con una inquietante letra cínica.

 
CÁNOVAS, RODRIGO, ADOLFO Y GUZMÁN, Señora azul

Talento, muchas ideas y pocos corsés se juntaron en un disco de culto, emblema de un rock poético atemporal.

 

No obstante, predomina Rodrigo García, un formidable compositor en la senda de Bob Dylan, Ray Davies o John Lennon, con dominio del léxico, de la métrica y de la lírica (es admirable cómo coló en la censura de la época la relación lésbica de “María y Amaranta” a base de poéticas metáforas). Con su personal voz áspera es capaz tanto de pintar con artística hermosura un paraíso imaginado como de retratar con inteligencia y detallismo la miseria humana. “Solo pienso en ti” es una de las más bellas canciones románticas escritas en castellano. “Nuestro problema” muestra la otra cara: a quién no le gustaría poder cortar una relación de forma tan preciosa y melodiosa. “El vividor” huele a asfalto como el rock’n’roll de carretera, pero en realidad pasea entre el folk y el country como el Dylan más gamberro, socarrona sátira social incluida. La misma mordacidad es la base de “Señora azul” (escuchable como “señor azul”), de la que se ha dicho que apuntaba a un falangista pero cuya bilis parece que se derramaba sobre algún ejecutivo discográfico.

“Señora azul” pasa a la historia como un disco de culto inmortal, emblemático de un rock poético que la mediocridad de la industria musical no supo imponer a los blandos cantantes solistas y que aún mantiene casi silenciado (solo una pobre reedición en CD de EMI en 2000). El grupo volvió a intentarlo con Polydor en los ochenta con “Queridos compañeros” (1984) y “C.R.A.G. 1985” (1985) e incluso de puntillas en 1994 con “Rodrigo, Adolfo y Guzmán” (J.J. Records), pero sin llegar a su momento de gloria. 

“Señora azul”.

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