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BOX SET (2007)

CHET BAKER In Paris. The Complete 1955-56 Barclay Sessions

Barclay-Universal

Por Joan Pons

CHET BAKER, In Paris. The Complete 1955-56 Barclay Sessions
 

Diseñar la apariencia de una caja de Chet Baker (1929-1988) y que no resulte un objeto precioso debe de ser pecado. Son tan agradecidos los materiales con los que trabajar (las hermosas portadas originales, la elegancia inspiradora de su estilo interpretativo, las fotografías de Chet... ¡este hombre era la fotogenia en persona!) que el lujo aparece casi por defecto. Por eso, uno acaba sopesando con ambas manos el estuche “In Paris. The Complete 1955-56 Barclay Sessions” y, aun después de descubrir que como reedición tiene un valor musical relativo, no puede más que salivar. Te embobas mirando el libreto interior tamaño LP de 84 páginas, reparando en fotos inéditas de la estancia europea de Chet Baker –desde septiembre de 1955 hasta abril de 1956– y en los libretos de los conciertos de la época. Te embobas con lo que sea y acabas olvidando que hay ocho CDs que escuchar con las grabaciones completas de las sesiones de Chet en los Pathé-Magellan Studios de París.

Así que el primer escollo a salvar a la hora de valorar con un mínimo de sensatez esta caja es no dejarse impresionar demasiado por su estética. Y el segundo, que no te maree y apabulle la gran cantidad de información que suele acompañar a casi todas las reediciones de jazz. Porque “In Paris. The Complete 1955-56 Barclay Sessions” tiene un carácter marcadamente enciclopédico y está orientada al oyente completista de Chet Baker.

 
CHET BAKER, In Paris. The Complete 1955-56 Barclay Sessions

Chet Baker, en el Jardin du Luxembourg (París, otoño 1955), en compañía de Liliane Rovère, su pareja. Foto: Daniel Filipacchi

 

Remasterizando, ampliando y absorbiendo la caja de tres LPs y dos EPs “In Paris” (Fresh Sound, 1986) –que, ironías, ya se anunciaba en su día como “The Complete Barclay Recordings”–, este estuche es exhaustivo y está ordenado cronológicamente hasta casi el absurdo: cada uno de los ocho compactos recoge sólo una sesión, y da igual que ésta durase apenas diez minutos (a eso se le llama desaprovechar el espacio). Además, aunque algunas de estas sesiones se compusieran sólo de tres o cuatro canciones, su CD presenta más de veinte tomas (algunas ridículas, de apenas segundos, con una falsa intro, por ejemplo) y se queda tan ancho.

Para alguien que desee hacer una tesis sobre Chet Baker en Europa, estas grabaciones parisinas sometidas al escrutinio del microscopio puede que sean un material de estudio al que consagrar toda una vida. Pero el aficionado de a pie debe combatir tanta sobredosis de información y de grabaciones, y dedicarse sólo a cazar al vuelo momentos musicales de una belleza luminosa. Porque tuviera a sus colegas de la Costa Oeste a su lado o a músicos de sesión de la capital francesa, tocara con cuarteto, quinteto u octeto, se hiciera acompañar por los músicos Dick Twardzik, Bobby Jaspar o Pierre Michelot, interpretara composiciones de Bob Zieff o estándares, el guapo trompetista (y vocalista, aunque sólo hay una pieza cantada en todas estas sesiones, “Everything Happens To Me”), que había comenzado su carrera discográfica en solitario en el año 1952, imprimía lozanía, seducción y refinamiento a cualquiera de sus canciones.