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ÁLBUM (2011)

CHRYSTA BELL This Train

La Rose Noire
CHRYSTA BELL, This Train
 

¿Qué tienen en común David Lynch y Prince? Ambos poseen una sensibilidad especial para descubrir a mujeres fascinantes y un sello de marca inconfundible. En el caso del director de “Cabeza borradora”, además, nos encontramos con un “problema” añadido: las imágenes de sus filmes causan tal impacto en nuestras retinas que al oír ciertas melodías resulta inevitable recordarlas. Y de ahí ese calificativo de “lynchiano” que los críticos solemos utilizar –a veces– demasiado alegremente.

Por su nombre (al igual que la vapuleada Lana Del Rey) y por su belleza turbadora, Chrysta Bell encaja perfectamente en el universo lynchiano. Durante los noventa, esta texana lideró el grupo de swing retro 8½ Souvenirs, hasta que en 1998 conoció a Lynch. Solo tenía 20 años, pero el realizador de Missoula la convirtió en su nueva musa. Volvieron a coincidir posteriormente –con un álbum, “Strange Darling”, que no llegó a ver la luz, con Lynch como productor ejecutivo, y la colaboración de la cantante en el soundtrack de “Inland Empire” (2007)– hasta llegar a “This Train”, un proyecto que ha tardado más de una década en materializarse. En esta nueva aventura, el autor de “Mulholland Drive” ha recurrido a dos de sus colaboradores habituales: John Neff, con quien compartió “BlueBob” (2001), y Dean Hurley, coautor del reciente “Crazy Clown Time” (2011).

A quienes están acostumbrados a los sonidos de las películas de Lynch, “This Train” les resultará familiar, especialmente en su tema titular, donde el traqueteo de un tren se funde con sintetizadores oníricos a lo “Twin Peaks”, sobre los que vuela la voz sensual pero distante de Chrysta como si se pusiera en la piel de Ronette Pulaski, huyendo amnésica del vagón donde Laura Palmer fue asesinada. Igualmente sugerentes son los tumultuosos blues de ultratumba “Swing With Me” y “Real Love” (con guitarras que parecen tocadas por espíritus malignos invocados por una güija), el morboso “Friday Night Fly”, el inquietante “Bird Of Flames” (con Lynch repitiendo “funny games” como una psicofonía) y el atmosférico “Polish Poem” (incluido en “Inland Empire”).

Los seguidores de David Lynch nos mordemos las uñas esperando una nueva película, pero mientras nos ofrezca majaradas musicales tan atractivas como esta, mantendrá nuestros instintos bajo control.

“Down By Babylon”.

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