Cargando...
 

ÁLBUM (2006)

CLAUSTROFOBIA Fiesta en la noche

Los Discos del Arrabal-Discos de Paseo
CLAUSTROFOBIA, Fiesta en la noche
 

Los tiempos siempre fueron malos para la lírica. Claustrofobia vivieron los peores en una Barcelona, la de los ochenta, eclipsada por la movida madrileña y consagrada a la preparación de su cita olímpica. Y aun así, derrotaron a la parábola de su propio destino erigiéndose en entorchados de la vanguardia de una ciudad que, en el momento de su formación (1982), apuraba las rentas de la cançó y que, inmediatamente después de su disolución (1992), se convertiría en hipotética capital de la electrónica del sur de Europa, paradigma de la fusión multicultural y edén del mestizaje.

A partir de un bagaje inusual en las bandas de su generación, Pedro Burruezo (voz y guitarra), María José Peña (teclados y coros) y, durante la trilogía inicial, Antoni Baltar (teclados y programaciones) articularon una heterodoxa concepción del pop que, desde la concomitancia estética con Golpes Bajos y La Mode, lo mismo reivindicaba a Ultravox, Japan y Joy Division que a Camarón, Héctor Lavoe y Om Kalsoum. Tachados primero de pretenciosos y luego, en la fase final de una carrera orientada hacia el flamenco y la copla, de sensibleros, grabaron cinco álbumes henchidos de romanticismo y sujetos a un culto que, pese a su indudable perfil profético (Astrud, el sonido Raval...), no ha pasado de minoritario.

Por eso, y porque ni la edición del recopilatorio “Les trésors. 1982-1999” (1999) ni la inclusión del magnífico “Repulsión” (1987) en el número 70 de la lista de mejores discos españoles del siglo XX según Rockdelux 223 parece haber cambiado las cosas, la publicación de “Fiesta en la noche” constituye todo un acontecimiento. Prologado por el escritor Francisco Casavella, el doble CD que resucita la etiqueta Los Discos del Arrabal (El Ejército de Salvación) rescata del olvido la verdadera prehistoria de Claustrofobia: su primera maqueta, un single que no llegó a ver la luz y cuatro conciertos previos a su inquietante debut, “Arrebato” (1984). Es decir, dos horas y media de canciones sinceras en un mundo loco, unas todavía inéditas como “El fracasado”, “Isabel se enamoró de aquel cantante de rock'n'roll” o “Mi futuro” y otras ya conocidas pero preñadas de matices ocultos –traducciones al catalán, la versión dub de “Tango (París nostàgic)” con el toasting de Ragnampiza–, la mayoría  presentadas por un vehemente Burruezo que en su trayectoria posterior (con Bohemia Camerata) continúa dando muestras de su indómito talento compositivo. Otra prueba, definitiva en su caso, de que lo importante no es alcanzar el éxito sino merecerlo.