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ÁLBUM (2012)

CLOUD NOTHINGS Attack On Memory

Carpark-Wichita-Music As Usual
CLOUD NOTHINGS, Attack On Memory
 

No sabemos qué ha pasado últimamente en la vida de Dylan Baldi, pero seguramente algo importante; un revés de los buenos, o quizás alguna clase de epifanía. Sea como sea, este chico no suena en absoluto en “Attack On Memory” como el que cocinaba (estimable) pop-punk lo-fi más o menos azucarado, a solas, sin necesidad de banda. El cambio es radical y casi brusco: desde su debut homónimo –segundo disco si contamos el recopilatorio de primeras grabaciones “Turning On” (2010)– apenas ha pasado un año. “Attack On Memory” –llamado así por tratarse, según Baldi, de un “ataque al recuerdo de lo que la gente pensaba que era la banda”– asalta por sorpresa para quitarnos de la cabeza todas las posibles tonterías y recordarnos cómo era el alt-rock antes de la posironía, el patio de vecinas de ‘BrooklynVegan’ y todo lo peor del mundo indie.

Con la ayuda (ahora sí) de una banda completa, la que solía llevarse de gira, y grabación (es lo suyo) de Steve Albini, Cloud Nothings suenan hoy como las grandes formaciones que agitaron los ochenta y los noventa, de Refused a Hüsker Dü pasando por los Nirvana de “In Utero” (1993). Pero sin amago de nostalgia, ni pose ni pastiche, casi como si fueran compañeros generacionales de aquellos y bebieran y vivieran la misma música; Baldi ha citado a The Wipers como mayor influencia.

This is hardcore: guitarras amenazantes, voces screamo, letras esencialistas y salvajes, mandíbula apretada, sonido de una fisicidad aplastante. Tras el impacto de un single tan inesperado como “No Future / No Past”, llega la cumbre del disco y (por ahora) del año: “Wasted Days”, de inicio casi pop, pero crescendo inapelable hacia el abismo; nueve minutos en los que nadie quiere mirar el reloj. “Fall In” (un poco Green Day) y “Stay Useless” abren campo para una segunda parte más melódica en la que, sin embargo, el sonido todavía es de una crudeza absoluta; y así es hasta el final, que llega apenas a los treinta minutos. En ese escaso tiempo, una banda antes solo agradable te revigoriza y transforma. Sorpresa.

“Wasted Days”.

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