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ÁLBUM (2011)

COLDPLAY Mylo Xyloto

Parlophone-EMI

Por Pablo Gil

COLDPLAY, Mylo Xyloto
 

Básicamente, el problema es que solo unas pocas de estas once canciones tienen lo que hay que tener para siquiera rozar la grandeza indefinible que a veces alcanza el pop. No poseen La Trascendencia, y por ahí naufraga el quinto disco de Coldplay, precisamente diseñado para intentar perpetuar a Martin y los otros tres como una banda de estadio definitiva, una de esas franquicias que, al margen del disco que saquen, siempre actúan en campos de fútbol. Y puede que el próximo verano llenen estadios, y que la gente ruja, pero este no es, definitivamente, el material mítico con el que se escriben los sueños y los recuerdos.

Ya sea por un sentimiento de culpabilidad (rastro de su origen indie) o por no querer renunciar a su potencial “inquieto” (¿vanidosos?), en el disco entreveran tres breves pasajes instrumentales de aspecto ambiental (cortes 1, 6 y 12) y usan un sinfín de ingeniosos arreglitos que, en conjunto, pretenden disfrazar la obra de experimentación y modernidad, rimbombancia a la que debe sumarse esa idea difusa de disco conceptual (dos enamorados en un entorno urbano agresivo, estética grafiti...).

Pero “Mylo Xyloto” tiene poco de experimental: son canciones pop más o menos ortodoxas dispuestas sobre riquísimos tapices sonoros de importancia superflua. Brian Eno y Markus Dravs ensamblan fondos fabulosos, aunque al final todo se reduce a la suma de una melodía de voz con un motivo principal repetido (de guitarra o piano) que intenta ser tan paradigmático como el mejor de los estribillos. Son lo que en cristiano llamamos himnos, siete en total aquí.

La épica alcanza resultados aceptables en “Charlie Brown” y “Princess Of China” y brillantes en “Every Teardrop Is A Waterfall” (la del “Ritmo de la noche”), pero resulta completamente anodina en “Don’t Let It Break Your Heart” o “Hurts Like Heaven” y hasta risible en “Paradise”, con esos ooh-ooh a lo ejército ruso, resultado de una pésima digestión del “Neon Bible” de Arcade Fire. Por en medio aparecen complementos más calmados –esta es una obra que quiere parecer total–, temas que no aportan nada de valía y que ensucian la importante tradición baladista de Coldplay. Si “Viva la vida” (2008) era un disco muy digno difícil de trasladar a los grandes recintos, “Mylo Xyloto” es un indigno intento de engatusar a las gradas.

“Every Teardrop Is A Waterfall”.

Etiquetas: 2010s, 2011, Inglaterra, pop, pop-rock
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