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ÁLBUM (2014)

D'ANGELO AND THE VANGUARD Black Messiah

RCA-Sony
D'ANGELO AND THE VANGUARD, Black Messiah
 

Firmó dos de los discos que redefinieron el R&B y el soul de los noventa –“Brown Sugar” (1995) y “Voodoo” (2000)– y se esfumó (o casi). Durante tres lustros, lo de Michael Eugene Archer ha sido un visto y no visto –contadas colaboraciones en trabajos ajenos: J Dilla, Q-Tip, Common, Snoop Dogg…–, giras con cuentagotas y un rosario de problemas –sentimentales, legales, accidentales– que parecían condenarlo al altar de los grandes malditos de la música afroamericana. Los intermitentes rumores sobre su retorno –años y años hablándose de un “James River” que debería ser su tercer álbum– alimentaban esperanzas, aunque no por boca propia: el de Richmond no ha soltado prenda y han sido allegados y colaboradores –Questlove de The Roots, básicamente– los que permitían mantener la fe. Finalmente, “James River” es “Black Messiah” y se tenía que haber publicado durante este 2015, pero los hechos de Ferguson y la ebullición de las protestas en Estados Unidos alentaron a D'Angelo a adelantar el lanzamiento, sin previo aviso y sin publicidad: el disco estaba disponible el pasado 15 de diciembre, dejando descolocados a todos los perpetradores de esas listas de “lo mejor del año” que cada vez se avanzan más en una carrera absurda hacia ninguna parte.

En la primera página del cuadernillo de “Black Messiah” se aclara que este es un trabajo inspirado por las protestas de Ferguson, los levantamientos en Egipto, el movimiento Occupy Wall Street y “por cualquier lugar donde una comunidad está harta y decide que las cosas cambien”: ¿D’Angelo esculpiendo su particular “Signo de los tiempos”? Es posible, aunque temáticamente, salvo alguna excepción muy clara (“1000 Deaths” y su mensaje antibelicista; “The Charade” y su anunciación de levantamiento: “With the veil off our eyes we’ll truly see / And we’ll march on / And it really won’t take too long / And it really won’t take us very long”), “Black Messiah” escarba en los eternos temas del amor y la fe, de la carnalidad y la espiritualidad, de sus conflictos, pasiones, revelaciones y contradicciones. Y lo hace por medio de un melting pot musical que redimensiona a placer los parámetros del soul-funk fundiendo su legado en un monumento de sofisticación retroprogresiva que devuelve ecos arcaicos y contemporáneos, antiguos y futuristas.

 
D'ANGELO AND THE VANGUARD, Black Messiah

El retrofuturismo de D’Angelo esculpiendo su particular “Signo de los tiempos” en una orgullosa lección de historia con mensaje.  

 

D’Angelo y sus colaboradores más o menos habituales a partir de “Voodoo” –el citado Questlove, Pino Palladino, Roy Hargrove– y los nuevos –el guitarrista Jesse Johnson (The Time); Kendra Foster, de la nave Parliament/Funkadelic, aquí coautora de los textos de ocho de los doce temas del tracklist– no le temen a sus modelos, al contrario: los releen y desmenuzan en beneficio propio para devolverle el músculo y la credibilidad a una forma de entender la música negra demasiado vapuleada por modas y mercados. Aquí están Sly Stone y George Clinton, Curtis Mayfield y Donny Hathaway, Marvin Gaye y, por supuesto, Prince: olvidemos la originalidad y afirmemos también, como se ha dicho hasta la saciedad, que este es el disco que el de Minneapolis debería haber entregado en su (doble) retorno del año pasado, pero que parece que ya no está en condiciones de crear.

“Black Messiah” escancia funk tórrido y espeso –el inicio con la brutal “Ain’t That Easy” deja fuera de juego con su fango de blues mutante y sus ritmos oscuros– macerado en obsesivos y eficaces riffs de guitarra, bajos gordos, coros de respuesta enterrados en la mezcla y ritmos esqueléticos: un menos es más con capas que se van superponiendo y desapareciendo para proyectar un monumental ejercicio de neosoul orgánico y artesanal –los samples son anecdóticos, casi inexistentes, y todo el proceso de grabación se hizo en analógico– que cuando acude a refuerzos –las cuerdas en “Really Love” y “Back To The Future (Part I)”; los vientos de Hargrove en el tema titular y, muy especialmente, en “Betray My Heart”: el crescendo de metales es de antología– lo hace porque la canción lo pide y lo necesita, no como capricho decorativo. Inundado de detalles que se revelan en cada escucha –el piano groovy y las palmas de “Sugah Daddy”, la guitarra acústica y el deje latino de “Really Love”, el silbido de “The Door”...–, “Black Messiah” es una orgullosa lección de historia y un soberbio mensaje sobre el radiante presente de un artista que parecía perdido y que suena más vivo, inspirado y necesario que nunca. 

“Ain't That Easy”.

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