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BOX SET (2010)

DANIEL JOHNSTON The Story Of An Artist

Munster

Por Joan Pons

DANIEL JOHNSTON, The Story Of An Artist
 

Recomendamos encarecidamente este box set de seis CDs (o seis LPs) en edición limitada que reúne los primeros temas de Daniel Johnston, uno de los autores de culto más brillantes y legendarios de las últimas tres décadas. Aquí se incluyen las seis primeras casetes grabadas por Daniel entre 1980 y 1983, presentadas en sus carpetas individuales, y un libreto de 64 páginas con ilustraciones del propio Johnston y un texto a cargo del periodista Everett True. “Songs Of Pain” (1980-81), “Don't Be Scared” (julio 1982), “The What Of Whom” (agosto 1982), “More Songs Of Pain” (1982-83), “The Lost Recordings” (1983) y “Lost Recordings II” (1983) al completo para redescubir la prehistoria del hombre que ha recibido elogios de Kurt Cobain, Matt Groening, Beck, Tom Waits y Johnny Depp, entre otros. Joan Pons comenta la caja y debajo se puede escuchar “Grievances”, el primer tema de “Songs Of Pain”.

La nota de prensa que acompaña este magnífico cofre del tesoro de seis CDs/seis LPs con los primeros casetes que Daniel Johnston grabó entre 1980 y 1983 incluye una cita de Jason Pierce, uno de los muchos y célebres admiradores de Daniel, que, sin que sirva de precedente, vale la pena trasladar a la reseña por cuanto de revelador tiene. Es esta: “Cuando un niño aporrea un piano crea música pura, y esa cualidad está presente en la obra de Daniel. Él se mueve entre lo inocente y lo sombrío”.

Sí, la música de Daniel Johnston, el de las primeras grabaciones semi-privadas, es como la música que podría hacer un niño. Un niño sin apenas formación, que juega con el instrumento (guitarra o piano, en este caso) más que tocarlo. Un niño hipersensible con demasiadas cosas en la cabeza que descubre que se explica mejor garabateando y soltando melodías desde el sótano de la casa de sus padres que expresándose con palabras.

Las ciento treinta y una canciones de este box set (a veces protocanciones o meros esbozos) tienen todas ellas la blancura infantil de la que habla Jason Pierce. Es decir, son de una inocencia entrañable. Altamente conmovedora. Y la manera en que están grabadas (lo-fi antes del lo-fi) y ordenadas (prácticamente a granel) también es de una insensatez y una incontinencia que denotan muy poca madurez o, como mínimo, picardía. Para cuando Daniel empezó a grabarlas, ya no era ningún niño, sino un teenager a punto de llegar a veinteañero. Y ahí empieza el vaivén entre lo cándido y lo sórdido: esta es la música, como sabremos más tarde, de una persona muy enferma que no es capaz ni de crecer ni de conducir por los baches de la vida como todos los demás.

 
DANIEL JOHNSTON, The Story Of An Artist

Daniel (& Queenie), delante de su casa (West Virginia, 1978). Un Daniel que siempre se ha movido entre lo inocente y lo sombrío.

 

Con la perspectiva del tiempo y del visionado del alucinante documental “The Devil And Daniel Johnston” (Jeff Feuerzeig, 2005), hemos aprendido a amar a Daniel Johnston al margen de la incomodidad, incluso rechazo en algunos casos, que nos pueda producir escuchar su música (porque él puede crearla desde la inocencia, pero nuestra escucha no lo es). Hoy podemos apreciar esta caja como el documento musical-arqueológico de un artista doméstico que se acercaba peligrosamente al precipicio de la locura, vale. Pero también podemos ponernos en contexto, como si estuviéramos huérfanos de información posterior, y darle al play a cualquiera de estos seis CDs. Entonces nos cae encima un chaparrón de melodías clarísimas interpretadas, a borbotones y sin artificio alguno, por una persona quizá desencajada, quizá incapaz de sujetar sus sentimientos, pero todavía no demente y sí inspirada para el pop.

“The Story Of An Artist” es un voluminoso, muy vistoso y muy goloso estuche de edición limitada en el que acaso falten los temas míticos de otros casetes más célebres como “Yip/Jump Music” o “Hi, How Are You” (ambos de 1983, posteriores a estas grabaciones). Pero entre demonios amenazantes, boxeadores sin cabeza, simpáticos alienígenas, fantasmas amistosos, amores no correspondidos y demás imaginería johnstoniana, esta sobredosis de pop desequilibrado nos acerca otra vez a la versión más pura de la música pura del bueno de Daniel.

“Grievances”.

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