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ÁLBUM (2011)

DESTROYER Kaputt

Merge-Popstock!
DESTROYER, Kaputt
 

Daniel Bejar –o Destroyer– siempre ha estado ahí, revoloteando en un segundo término y sin hacer excesivo ruido, aunque ya ha entregado algunas piezas de envergadura como “Your Blues” (2004) y “Destroyer’s Rubies” (2006) y forma parte de los siempre respetables The New Pornographers. Que la obra de Bejar todavía no haya trascendido más posiblemente se deba a una sana falta de prejuicios que lo mismo le permite abrazar el folk de alambre oxidado que el empapelado de estampado glam o las escaladas de ambientes electrónicos. Y la apertura de miras no es un buen salvoconducto en una época que exige productos hechos en serie y con el código de barras perfectamente calibrado. Pero los degustadores de lo especial siempre han sabido detectar en las canciones del canadiense un toque de distinción que salía a la superficie a pesar, muchas veces, del envoltorio tosco con que se presentaban. Ahora, después de un par de EPs –“Bay Of Pigs” (2009) y “Archer On The Beach” (2010)–, llega la continuación de “Trouble In Dreams” (2008), un disco notable que insistía en su cacería de las sombras de Bowie, Bolan y otros ídolos del glamour setentero.

Suena “Kaputt”. Primer interrogante: ¿Es un disco irónico? Probablemente la pregunta no sea la adecuada, pero es la inevitable mientras el lector de CDs expulsa ambientes sofisticados y evocadores que parecen ideados para florecer en un local de lujo rodeado de hermosas damas y cócteles de nombres impronunciables. Un colchón de espuma ochentero que busca lo anacrónico como medio de redención contemporánea. “Kaputt” chapotea en un rock suave de pespuntes jazzísticos y hace malabarismos con montañas de migajas que parecen disparadas tras una buena digestión de las obras más cromadas de Steely Dan, Prefab Sprout, Roxy Music –los crepusculares, los de “Avalon” (1982)–, Scritti Politti, Sade, Hall & Oates, los Fleetwood Mac de “Rumours” (1977) y, también, algunas ráfagas del Boz Scaggs de la cosecha de 1976, la de “Silk Degrees” (¿alguien se acuerda?). O sea, rock de texturas deliberadamente antirock, soul aclarado con ojos azules, jazz de corbata de seda. Una opción estilística que en manos de Bejar escapa de la alargada sombra del pastiche y remonta el vuelo en canciones absolutamente memorables que se acurrucan entre bajos gomosos, percusiones cimbreantes, teclados de espuma y guitarras elásticas.

 
DESTROYER, Kaputt

Un colchón de espuma ochentero que busca lo anacrónico como medio de redención contemporánea.

 

Y, claro, en la voz del autor, dominador impecable de unos textos que juegan con la idea del romanticismo y que están salpicados de constantes guiños a la cultura pop (“You’re first love’s new order, mother nature’s sun” o “I sent a message in a bottle to the press, I said ‘don’t be ashamed or digusted with yourselves’” en “Blue Eyes”; “Chasing some girls, chasing cocaine through the backrooms of the world” en “Kaputt”; “Let’s face it, old souls like us are being born to die” en “Savage Night At The Opera”). Otras veces los guiños se aposentan directamente en la música (“Savage Night At The Opera” es New Order, “Blue Eyes” es Paddy McAloon). Como contrapunto a Dan, la presencia casi constante, de eco embrujado, de Sibel Thrasher, aquí encarnando perfectamente el papel de Wendy Smith en los Sprout.

La extensa “Suicide Demo For Kara Walker” nace de una colaboración con la artista afroamericana Kara Walker y su marco de amable y perfumado funk esconde una intrincada reflexión sobre Grandes Conceptos como libertad, raza y violencia, igual que “Song For America” –con sus finos trenzados de guitarra y saxo– revela una negra polaroid de los Estados Unidos (esos “Who knew... who knew...” después del verso “Jessica’s gone on vacation on the dark side of town” dejan helado).

“Kaputt” recupera para cerrar el “Bay Of Pigs” del EP de 2009. Más de la mitad del metraje actúa de anticlímax de las canciones previas, pero a partir del minuto cinco se convierte en transparente carta de aviso de lo que ha acabado siendo este álbum: un disco extraordinario que no esconde su reivindicación de sabores a menudo despreciados por la ortodoxia indie para coser canciones fabulosas que buscan el detalle antes que el exabrupto, que revelan la mirada interior y la caricia con sentido. Implacable, impecable.

“Kaputt”.

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