Frente a la grisura, gravedad y frialdad habitual en la estética industrial, Devo siempre han sido alegres robots serializados. Unos zoquetes felices que celebran la de-evolución humana. Hijos-hermanos de Kraftwerk, pero en versión adolescente-party. Antes de ejercer de maquinales, fueron admiradores de Iggy Pop y afectos a un humor surrealista a lo Zappa. Practicantes por igual de rock primitivo, pop chicle, punk y la ciencia ficción de serie B; precursores de la cool wave y el tecno-pop, asumieron incluso estructuras rítmicas del rock progresivo (escúchese “Timing X”). Cinco obreros-robots de la fabril Akron, que establecieron en 1975 su formación musical con dos hermanos Mothersbaugh (Mark y Bob), dos hermanos Casale (Gerald y Bob), más el batería Alan Myers.
Sus cuatro primeros elepés, reeditados entre noviembre de 2009 y mayo de 2010, son lo mejor de su turbina de ideas coloristas. La admiración por Bowie les llevó a llamar la atención de su órbita y fue Brian Eno quien produjo su primer disco, “Q: Are We Not Men? A: We Are Devo!” (1978). Luego se arrepintieron de no haberle dejado meter más baza, pero la mano de Eno fue fundamental en el tratamiento de voces y la aportación de los ruidillos y sonidos inesperados que mantuvieron en los siguientes discos, ya autoproducidos. Es uno de esos debuts maestros. Los ritmos dislocados en perfecta conjunción de bajo y batería, las guitarras abrasivas o minimalistas, la tendencia a lo esperpéntico, los estribillos-himno disparatados, ya están ahí. La arrolladora “Uncontrollable Urge” y fabulosos singles como “Mongoloid”, “Come Back Jonee” y “Jocko Homo” solo pueden coronarse con la de-evolución dislocada del “(I Can’t Get No) Satisfaction” de The Rolling Stones, probablemente la mejor versión de la historia.


























