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ÁLBUM (2015)

DOMINIQUE A Éléor

Cinq7-Wagram-Popstock!
DOMINIQUE A, Éléor
 

El mundo es un pañuelo para Dominique A. Sus canciones serpentean por un mapamundi emocional que se arrima a distintos puntos geográficos del planeta como anclaje para extender sus inquietudes personales. Naturaleza y mapas son como un acicate imprescindible para alimentar las letras y las músicas del de Provins. En este magnífico “Éléor” las coordenadas geográficas parecen estar más presentes que nunca: no solo en el título del álbum –inspirado en la curiosa micronación danesa Elleore–, sino en otros trayectos que pasan por Nueva Zelanda, Canadá, España, el sur de Groenlandia y los Estados Unidos de la Depresión, puntos de partida que apuntalan una docena de canciones que parecen volver a los orígenes apacibles del firmante de “La mémoire neuve” (1995). Lejos del inmenso tour de force que supuso el anterior “Vers le lueurs” (2012) –con su dominación de guitarras eléctricas y sus precisos arreglos de viento–, este décimo álbum de estudio se entreteje con mimbres más esencialistas –guitarra, bajo, batería, teclados–, con puntuales y precisos acompañamientos de cuerda.

“Cap Farvel” despliega su cortina con una historia de amor entre nieblas y brumas que ya nos avisa del serpenteo temático por el que discurre prácticamente todo el trabajo, un diario de relaciones personales enmarcadas en postales de omnipresente naturaleza, a veces bajo el uso de metáforas que levantan pequeños relatos con escasas estrofas: deténganse en “Central Otago” –clásico instantáneo– y esa misteriosa mujer que llega a través de un río mientras los hombres caen bajo su conjuro pronunciando el nombre de la región neozelandesa del título.

Laetitia Velma –compañera de Mr. A– cofirma uno de los puntos álgidos del disco, un “Au revoir mon amour” que escancia lo mejor del Dominique más íntimo en una declaración de amor a corazón abierto punteada por piano y mecida por majestuosas cuerdas, las mismas que engrandecen otra love story bigger than life, la de “Celle qui ne me quittera jamais” y su categórica descripción de la dualidad del amor (“Celle qui ne me quittera jamais / celle qui jamais ne m’obluiera / celle que ne me quittera jamais / celle que jamais ne me laissera / en paix”).

 
DOMINIQUE A, Éléor

Un autor que hace tiempo que dejó atrás el lastre de los referentes para definir su propia carta de navegación. Foto: Richard Dumas

 

España, el país no francoparlante donde la mecha de las canciones de Ané ha prendido con más fuerza, tiene en “Semana Santa” un bellísimo tributo de costumbrismo poético entre olores de incienso, mujeres que fuman, ruido de cadenas y sangre: la potencia del autor para convertir los recuerdos en material literario –que ya quedó más que demostrada en su libro “Regresar” (2012)– se sublima en esta pieza breve y evocadora; también lo hace en el cierre del disco, “Oklahoma, 1932”, otra muestra de su devoción por la imaginería norteamericana plasmada aquí en un flash de la Depresión tintado sobre un fotograma con piano y coro.

Disco sereno –esa mirada desde la imagen de portada tomada por Richard Dumas– y breve –no alcanza los cuarenta minutos, aunque puede ampliarse con la edición limitada, que incluye doce bonus agrupados como “Autour d’Éléor”–, el nuevo álbum de Dominique Ané es otra excelsa capilla en la catedral sonora de un gigante de la canción europea contemporánea, un autor que hace tiempo que dejó atrás el lastre de los referentes –no, no quiere ser “el nuevo Gainsbourg”– para definir su propia carta de navegación.

“Central Otago”.

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