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ÁLBUM (2012)

DOMINIQUE A Vers les lueurs

Cinq7-Green Ufos
DOMINIQUE A, Vers les lueurs
 

Dos décadas en el negocio –celebradas con la reedición de toda su discografía, con múltiples añadidos, y algunos conciertos muy especiales– y Dominique A no agota la capacidad de sorprender y sorprendernos. El de Provins parece que conserva intacta la pasión por desbrozar a cada paso nuevos territorios, evitando el acomodo y lo previsible. Sin hacer concesiones, siempre escuchando las pulsaciones de su arte y evitando los cantos de sirena de los comerciantes de modas y etiquetas.

Convertido en una referencia ineludible de toda la escena musical francesa –y europea y mundial, si no estuviéramos dominados por los atropellos del gusto anglosajón–, Mr. A, a punto de cumplir los 44 años, entrega su noveno trabajo en estudio reforzando su estatus de figura excepcional. “Vers les lueurs” –que podríamos traducir, más o menos, como “Hacia el fulgor”– es, por ahora, el último peldaño de una escalera siempre ascendente inaugurada en 1992 con “La fossette” –bueno, el año anterior fechó las 150 copias artesanales de “Un disque sourd”, recuperado en la reedición 2012 de “La fossette”– y que cuenta con pináculos como “La mémoire neuve” (1995) –el disco donde su mundo comenzó a afianzar sus pilares de personalidad–, “Tout sera comme avant” (2004) y “L’horizon” (2006). Tras un tour de force como “La musique / La matière” (2009), el francés se abre a nuevas sonoridades, sin perder su esencia, en estas trece canciones que reúnen la ardiente electricidad de las guitarras con la imaginativa presencia de un quinteto de viento –flautas, saxo, clarinete, corno inglés, oboe–.

 
DOMINIQUE A, Vers les lueurs

El fulgor. O la receta infalible de un artista en plena floración ofreciendo música vibrante, vital.

 

Grabado durante seis días del pasado mes de enero, “Vers les lueurs” suena a baño regenerador, a manantial incontaminado, a oxígeno puro. Rock y chanson, hermanos de sangre y poesía, materializándose en piezas que entrelazan la exuberancia y lo íntimo con una naturalidad asombrosa.

Dueño absoluto de sus resortes melódicos y literarios, Dominique A –que ha citado a Midlake y Nick Drake como posibles puntos referenciales de este álbum– firma su obra más compacta –la secuencia del disco es magistral: parece que las canciones no puedan estar ordenadas de otra manera– y luminosa, con constantes referencias a la naturaleza y al equilibrio interior (los primeros versos que se escuchan son “Olvida la ciudad / olvida la prisa / olvida la agresión verbal / contra un árbol”), reivindicación de un mundo onírico y humanista –ejemplarizado en las ilustraciones de Gabriella Giandelli– donde lo positivo sustituya a los vapores de la oscuridad.

Hay clásicos instantáneos –los adhesivos “Rendez-nous la lumière”, “Close West”, “Vers le bleu”, “La possession”...– y algunas de las piezas más delicadas y emotivas que Ané ha firmado jamás –“Parce que tu étais là”, “Quelques lumières”, “Ce geste absent”, “Par les lueurs”–, además de un turbador y extenso “Le convoi”, relato de un mundo amenazador redimido por la fe en el amor.

“Vers le lueurs”, hecho con “la piel de los sueños” (“Ostinato”), es un ofrenda sónica que alimenta y regenera, alumbra y cura. Receta infalible de un artista en plena floración ofreciendo música vibrante, vital.

“Rendez-nous la lumière”.

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