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ÁLBUM (2005)

EELS Blinking Lights And Other Revelations

Vagrant-Universal
EELS, Blinking Lights And Other Revelations
 

Si todos los artistas que están deprimidos dejasen de publicar, creo que yo ahorraría el 80% de mi gasto mensual en música, y Rockdelux debería cambiar su política editorial para subsistir. No sabría explicar si esta es una reflexión del mundo, del way of life occidental o simplemente de mi entorno social actual. El caso es que algunos de mis artistas favoritos han hecho de su depresión una profesión. Mark Everett, por ejemplo, ya en “Novocaine For The Soul”, la primera canción de “Beautiful Freak” (1996), confesaba ser un hijo no deseado. Sus siguientes discos se vieron marcados por tragedias familiares –muertos padre y madre, suicidio de su hermana, incluso un familiar pereció el 11 de septiembre de 2001–, escarbando en una tristeza dulce al paladar gracias a la compañía de un pop pluscuamperfecto, y siempre con un regusto final optimista a modo de moraleja: esto es una mierda pero hay que ser fuerte y seguir adelante, ya que la vida también tiene sus buenos –breves– momentos. Más duros o más blandos –los últimos “Souljacker” (2001) y “Shootenanny!” (2003), respectivamente–, jamás perdían de vista el formato pop de tres minutos –admirable la capacidad de Everett sacando melodías de la chistera–, con el único pero de la reiteración del mensaje –igual que Trembling Blue Stars– rozando la patología crónica.

La diferencia entre “Blinking Lights And Other Revelations” y sus antecesores es que es doble, abarca treinta y tres canciones –como son cortas, en ningún momento se hace pesado–, y suena a trabajo hecho con el cariño necesario para trascender, hasta el punto de pasar desapercibidos los colaboradores ilustres: Tom Waits, Peter Buck, John Sebastian y su perro Bobby Jr. (no confundir con Bobby Bare Jr.). Porque lo que realmente importa es el timing de la obra, desperezándose con “From Which I Came / A Magic World”, y a partir de ahí entrando en materia con “Son Of A Bitch” (aromas de Tom Waits y Randy Newman), “Suicide Life” (“estoy tan cansado de vivir”), “In The Yard, Behind The Church” (alabando el cementerio como morada definitiva), “Railroad Man” (el progreso y los que quedan atrás), “The Other Shoe” (“una mañana preciosa, el cielo está negro / la ciudad sigue durmiendo / pronto se levantarán con el hedor / el hedor de sus vidas”), “Last Time We Spoke” (adorablemente Sparklehorse), “Sweet Li’l Thing” (¡una positiva!) y “Ugly Love” (Mark siempre se ha sentido feo y le saca tajada), para concluir sabiamente con “Things The Grandchildren Should Know”: allí está todo; en ella él se desnuda e intenta mostrarse sin coartadas.

Escucho esta canción en la sala de espera de la estación de trenes de Girona. Casualmente, allí se reúnen cada tarde ancianos del barrio, jubilados sin sede social que han encontrado un lugar –barato y con asientos– donde ver pasar juntos lo poco que les queda de vida. ¿Entenderían ellos los textos de Everett? ¿No deberíamos nosotros, mirando su esfuerzo, aprender? Mil preguntas más me vienen a la cabeza. Estoy pensando, estoy vivo. Gracias a una docena de ancianos y a Eels. Es un cumplido.

“Things The Grandchildren Should Know”.

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