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ÁLBUM (1996)

MORENTE & LAGARTIJA NICK Omega

El Europeo
MORENTE & LAGARTIJA NICK, Omega
 

Esta obra afortunada es todo un reto para el flamenco: el mito de Morente se proyectó sobre unos Lagartija Nick nunca tan inspirados y de ahí surgió la gloria de un momento único. Aunque se editó a finales de 1996, Rockdelux escogió “Omega” el número 1, el mejor de los álbumes nacionales de la temporada 1997 en el Rockdelux 148. También, posteriormente, fue el número 4 de los discos españoles de la década destacados en el extra dedicado a los noventa. Y, finalmente, se situó en el puesto 6 de los mejores álbumes españoles del siglo XX, lista publicada en el Rockdelux 223, el especial antológico que celebró el veinte aniversario de la revista. No podía ser de otro modo: reconocimiento entusiasta para la magnitud de esta música extraña y rupturista, reinado eterno para esta revisión alucinada de Lorca y Cohen... Esta es la crítica original de “Omega”, escrita por Jordi Bianciotto, que se publicó en Rockdelux. Escuchen el tema principal.

La Asignatura Pendiente del cantaor granadino era el a todas luces coherente encuentro de textos lorquianos –los de “Poeta en Nueva York”: visionado apocalíptico de miserias urbanas ideado en la megaurbe tras el crack de 1929– y partituras de Leonard Cohen, admirador confeso del poeta. Al casi inabordable surrealismo de la obra de Lorca correspondía un encuadre sonoro rupturista, excéntrico, vanguardista; el que se impone en “Omega”, un disco trascendental y capital cuya unión de cante jondo y electricidad no debe ser malinterpretada a primera vista: el último Scott Walker, Diamanda Galás, Tricky o Sepultura se le acercan, en esencia e intenciones, más que Triana o Ketama.

Abre fuego “Omega”, réquiem en alarmista crescendo de diez minutos y emblema del diseño conceptual del álbum: guitarra flamenca de Miguel Ángel Cortés y coros y palmas de Antonio Carbonell y El Negri dando cancha a unos Lagartija Nick que esparcen toxicidad thrash y se crecen junto a un Morente rendido a las aterradoras viñetas lorquianas. Un clímax abrumador servido como carta de presentación –situarlo al final del disco hubiera sido más sensato... más cobarde– y que advierte al oyente: aún está a tiempo de cambiar el último de cualquier cosa por este CD. Abrumador. “Pequeño vals vienés” –respuesta a “Take This Waltz”, de Cohen– da un respiro: acordeón, percusiones y contrapunto creíblemente racial a la reluciente versión del canadiense. Y “El pastor bobo” –como “Vals en las ramas” o “La aurora de Nueva York”, con Vicente Amigo– reflota a un Morente más ortodoxo dentro de su proverbial transgresión. Esta se hace más palpable en la reconstrucción de “First We Take Manhattan”, incendiaria declaración ideológica perpetrada entre espasmos guitarrísticos –intimidantes Lagartija Nick frente a la calidez flamenca de Cañizares– y con el beneplácito de Alberto Manzano, adaptador, también, de los textos de “Priest” –“Sacerdotes”, originalmente en voz de Judy Collins; aquí con mano a mano guitarrero de Tomatito y Montoyita– y “Hallelujah”, catarsis con coros liberadores. Las brutales mutaciones de “Vuelta de paseo” –ese alarmante “¡asesinado por el cielo!” surgido de la bacanal eléctrica– y “Ciudad sin sueño” resumen la voluntad revolucionaria de un álbum fundamental. Sin rodeos: histórico.

“Omega”.

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