La ambición es una trampa en la que a veces perecen hasta los genios más distinguidos. La creación no tiene límites pero hay que saber ordenarlos –los límites, la ambición– para que puedan ser “leídos” –en tiempo presente o futuro– por los destinatarios. Lo demás es autismo arty u onanismo de mesa camilla. El californiano Steven Ellison (aka Flying Lotus) ha dado con su tercer álbum oficial un doble salto sin red en el circo de la ambición. Y ha caído de pie y sin apenas daños reseñables. “Cosmogramma” es –crucen los dedos– una “ópera espacial” que se desarrolla a lo largo de diecisiete cortes y cuarenta y cinco minutos. Un trip astral que distingue a Mr. Ellison de todo el pelotón de geniecillos de ese balón de oxígeno lanzado desde los márgenes del dubstep bautizado como wonky, un todo vale que dispara en diversas direcciones con balas de IDM, techno, electrojazz, chip hop y hip hop de trazo abstracto.
La admiración de Ellison por los beats perfectos del difunto J Dilla y su inmersión como proveedor de sonidos para la cadena Cartoon Network apenas afloraban en “1983” (Plug Research, 2006), un disco de downtempo amable y nebuloso que no chirría en el apartado de “bandas sonoras imaginarias” pero que tampoco destaca entre la tropa de sus practicantes. Su trasvase a Warp y la edición en 2008 de “Los Angeles” varió el escenario: ese álbum fue recibido como maná por la parroquia más hambrienta de “electrónica inteligente” e iluminó con fuerza los potenciales de un productor ecléctico y eléctrico que cuadraba (o dislocaba) los ritmos con precisión de cirujano cerebral al mismo tiempo que chorreaba esencia melódica y polen misterioso. “Los Angeles” dejó varios momentos para el recuerdo –los míos: “Parisian Goldfish”, “Testament” (con Gonjasufi), “Robertaflack” y “GNG BNG” (made by The Gaslamp Killer)–, armó el revuelo que merecía en las casillas de la inteligencia leftfield –Mary Anne Hobbs babeaba cada vez que sacaba su nombre a colación: su “Flying Lotus es el Hendrix de su generación” merece una camiseta de algodón 100%– y posibilitó su colaboración vía remix con la aristocracia más leída (Kanye West, Kelis, Radiohead).




























