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ÁLBUM (2010)

FLYING LOTUS Cosmogramma

Warp-[PIAS] Spain
FLYING LOTUS, Cosmogramma
 

La ambición es una trampa en la que a veces perecen hasta los genios más distinguidos. La creación no tiene límites, pero hay que saber ordenarlos –los límites, la ambición– para que puedan ser “leídos” –en tiempo presente o futuro– por los destinatarios. Lo demás es autismo arty u onanismo de mesa camilla. El californiano Steven Ellison (aka Flying Lotus) ha dado con su tercer álbum oficial un doble salto sin red en el circo de la ambición. Y ha caído de pie y sin apenas daños reseñables. “Cosmogramma” es –crucen los dedos– una “ópera espacial” que se desarrolla a lo largo de diecisiete cortes y cuarenta y cinco minutos. Un trip astral que distingue a Mr. Ellison de todo el pelotón de geniecillos de ese balón de oxígeno lanzado desde los márgenes del dubstep bautizado como wonky, un todo vale que dispara en diversas direcciones con balas de IDM, techno, electrojazz, chip hop y hip hop de trazo abstracto.

La admiración de Ellison por los beats perfectos del difunto J Dilla y su inmersión como proveedor de sonidos para la cadena Cartoon Network apenas afloraban en “1983” (Plug Research, 2006), un disco de downtempo amable y nebuloso que no chirría en el apartado de “bandas sonoras imaginarias”, pero que tampoco destaca entre la tropa de sus practicantes. Su trasvase a Warp y la edición en 2008 de “Los Angeles” varió el escenario: ese álbum fue recibido como maná por la parroquia más hambrienta de “electrónica inteligente” e iluminó con fuerza los potenciales de un productor ecléctico y eléctrico que cuadraba (o dislocaba) los ritmos con precisión de cirujano cerebral al mismo tiempo que chorreaba esencia melódica y polen misterioso. “Los Angeles” dejó varios momentos para el recuerdo –los míos: “Parisian Goldfish”, “Testament” (con Gonjasufi), “Robertaflack” y “GNG BNG” (made by The Gaslamp Killer)–, armó el revuelo que merecía en las casillas de la inteligencia leftfield –Mary Anne Hobbs babeaba cada vez que sacaba su nombre a colación: su “Flying Lotus es el Hendrix de su generación” merece una camiseta de algodón 100%– y posibilitó su colaboración vía remix con la aristocracia más leída (Kanye West, Kelis, Radiohead).

 
FLYING LOTUS, Cosmogramma

Steven Ellison, “el Hendrix de su generación”, persigue el mismo estado onírico que lograron los gigantes del jazz libre y espiritual.

 

Tantos parabienes no emborronaron los objetivos de su autor, quien, sin dejar de publicar un reguero de EPs, ya tenía la mente puesta en “Cosmogramma”, una obra magna que se distinguiría del trabajo anterior con “más instrumentos, más texturas, más ideas rítmicas”. Una cápsula de tiempo donde colocar todas sus influencias –free jazz, bass music, George Clinton, soundtracks, Richard D. James, soul, Dilla, hip hop– mostrando sus puntos de conexión en una especie de sonda demente que pretende crear en el oyente el mismo estado onírico que lograron los gigantes del jazz libre y espiritual.

En “Cosmogramma” hay bajos de dimensiones colosales y arpas, el saxo tenor de Ravi Coltrane, arreglos de cuerda, la trompeta de Todd Simon y las voces de Laura Darlington y Thom Yorke. También guitarras, teclados y baterías reales. Y, claro, la alquimia sintética generada por un FlyLo que pilota la nave con esa seguridad y valentía que da el sentirse dueño absoluto de su destino. Tras un despegue que combina el caos con la delicadeza (“Clock Catcher”), se entra en una órbita que parece orquestada por el mejor Squarepusher (“Pickled!”) y se visitan asteroides con minerales de esos planetas prohibidos de serie B (“Intro/A Cosmic Drama”, “Zodiac Shit”). El tema siete marca el primer cambio de revoluciones en el viaje: es “... And The World Laughs With You”, con un Yorke utilizado perfectamente en un híbrido drum’n’bass/dubstep que revela tres minutos de canción hipnótica, rara, hermosa. En la parte intermedia de la misión (“Arkestry”, “Mmmhmm”, “Do The Astral Plane”, “German Haircut”), el jazz campa a sus anchas entre polvo interestelar y radiaciones de la new thing. Y los beats astillados y el cocido narcótico se apoderan del último trayecto con dos must de envergadura: “Drips//Auntie’s Harp”, en homenaje a su tía (Alice Coltrane), y un “Table Tennis” donde oficia con garbo Laura Darlington, un tema por el que mataría la Goldfrapp si no hubiera perdido definitivamente los papeles.

“Cosmogramma” convida a abrir el diccionario de los calificativos: intergaláctico, fascinante, denso, infeccioso, hermoso, progresivo, maduro, modernista, espiritual, arriesgado...  Elijan/desechen lo que prefieran. Pero suban al cohete del Loto Volador: un géiser de música non stop –la versión promo es una suite continua, sin cortes: el disco final está secuenciado de manera casi idéntica– que condensa lecciones de historia y olfatea en los pliegues del tiempo presente y futuro. Sin escafandra. Guárdenle un rincón en el mismo altar consagrado a DJ Shadow, Aphex Twin y Burial: verdaderos héroes modernos que supieron/saben cómo atrapar con las armas menos manidas el latido de su tiempo.

“And... The World Laughs With You” (con Thom Yorke).

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