Universal, propietaria del catálogo de Frank Sinatra, ha reeditado seis nuevos álbumes situados justo después de que el artista abandonara Capitol y que abarcan toda la década de los sesenta. No se trata de ninguna edición lujosa –los discos van sueltos y con exigua información–, pero no son archiconocidos y el sonido remasterizado es excelente. Las ganas de escucharlos deberían ser irrefrenables.
“All Alone” (1962) es una colección de baladas con empalagosos arreglos de cuerda y coros angelicales. Sinatra se deja llevar por la batuta caramelizada de Gordon Jenkins alcanzando niveles de melaza excesivos. Solo la altura de temas como “Remember” y “The Song Is Ended”, de Irving Berlin, que actúan de pastillas antidiabéticas, consiguen hacer más digestible el dulce.
Sonny Burke y Jimmy Bowen produjeron “Softly, As I Leave You” (1964). Grabación irregular donde conviven temas sosos como “Emily” con muestras de imperial swing, tipo “Come Blow Your Horne” y, sobre todas, “Here’s To The Losers”, del arreglista Marty Paich. En ella aparece el gran Sinatra de siempre, aquel que ataca las notas con una firmeza sin igual, borda las frases y termina con unos agudos de barítono majestuosos. De loser, nada. Auténtico winner.
“My Kind Of Broadway” (1965) no engaña a nadie con su título. Se trata de un viaje por un puñado de musicales que alguna vez estuvieron instalados en la avenida más conocida de Manhattan. La estupenda “Nice Work If You Can Get It”, de “Damsel In Distress”; una juguetona “They Can’t Take That Away From Me”, incluida en “Shall We Dance”; la trepidante “Hello, Dolly!”, con guiño final a Louis Armstrong; o “Luck Be A Lady”, de la enorme obra de Frank Loesser “Guys And Dolls”... son billetes directos al corazón de Broadway. El paseo no puede ser más regocijante.




























