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ÁLBUM (1956)

FRANK SINATRA Songs For Swingin' Lovers!

Capitol
FRANK SINATRA, Songs For Swingin' Lovers!
 

Un poco de Frankie es mucho. Como demuestra la cuarta etapa de su glorioso paso por el sello Capitol: “Songs For Swingin' Lovers!” (1956), considerada la cumbre del mejor cantante blanco del siglo XX. Arropado por los arreglos de Nelson Riddle, Frank Sinatra (1915-1998) consiguió que un disco de intérprete acabase convirtiéndose en un disco de autor. Es a partir de aquí cuando “La Voz”, con el más magnético y cautivador de los instrumentos, se convertirá definitivamente en el artista imparable que todos conocimos. David Morán comentó el disco en el especial del Rockdelux 200, donde elegimos los mejores álbumes del siglo XX: “Songs For Swingin' Lovers!” ocupó el puesto 67.

Sesenta años después de su debut como cantante en solitario, el halo legendario del cantante que redefinió el jazz y el pop sigue prestándose a las más variadas lecturas. Para algunos –los más–, Francis Albert Sinatra (1915-1998) siempre será un personaje emparedado entre el tópico (“New York, New York”, “My Way”), el exceso (de las correrías de The Rat Pack al “cuelgue” cinematográfico de “El hombre del brazo de oro”) y la avalancha de recopilatorios navideños que solo contribuyen a desenfocar su legado. Para otros, en cambio, el cantante de Hoboken pasará a la historia como la primera gran estrella que irrumpió en el universo de la música popular, con permiso de Bing Crosby, y la única capaz de extender su huella a lo largo de cinco décadas.

Todas estas facetas fueron recordadas y convenientemente ilustradas en mayo de 1998: tras 82 años de vida, más de cincuenta películas y un puñado de discos memorables e imprescindibles, la voz más cálida, profunda y emocional que paseó bajo el umbral del jazz se apagaba definitivamente. Llegado ese momento, Sinatra había tenido tiempo para adelantarse a la metamorfosis artística y encarnar el ideal crooner magnético en los años cuarenta, reinventar la sofisticación del swing en los cincuenta y adentrarse en caminos más tortuosos en la década de los sesenta. Ni siquiera la irrupción del rock consiguió rebajar el brillo de una figura que respondió al asentamiento del género con explosiones de colorido jazzy“Ring-A-Ding Ding” (1961)–, impecables homenajes –“I Remember Tommy” (1961), dedicado a Tommy Dorsey– y colaboraciones llamadas a pulir y dar esplendor al swing –“It Might As Well Be Swing” (1964), grabado junto a Count Basie y con arreglos de Quincy Jones–.

 
FRANK SINATRA, Songs For Swingin' Lovers!

Sofisticado, elegante, estrella capital con buenos amigos, dando un brillo único a un disco que en ningún momento pierde fuelle.

 

Pero si por algo destacó Sinatra fue, precisamente, por potenciar el caudal expresivo de la música y trasladar el swing a un nuevo campo de acción sofisticado y elegante como pocos; un espacio donde el romanticismo sería el medio en sí mismo. De ahí que “Songs For Swingin’ Lovers!” no solo marque un punto y aparte insuperable en su carrera, sino que consigue que, por primera vez, un disco de intérprete acabe pareciendo un disco de autor. En este álbum, conectado directamente a “Songs For Young Lovers” (1954), su primera incursión en el terreno de los discos conceptuales, Sinatra rehúye la perspectiva baladista de “In The Wee Small Hours” (1955) y se acomoda en los lujosos e insuperables arreglos de Nelson Riddle para celebrar su confirmación como artista. Sí, este es el disco tras el que la leyenda de “La Voz” será ya imparable. No hay más que ver cómo se impone a los crescendos de trompetas de “You Make Me Feel So Young” o cómo domestica la melodía de “Too Marvelous For Words” para comprender que no hay nada que escape a su garganta. Ni siquiera el hecho de manejar un repertorio labrado a base de estándares –de la celebrada “I’ve Got You Under My Skin” de Cole Poter al “Love Is Here To Stay” de Gershwin– supone un problema para alguien capaz de dar un brillo único y diferente a un disco que en ningún momento pierde fuelle.

Al contrario: “Songs For Swingin’ Lovers!” no hace más que crecer y crecer. Desde los primeros compases de “You Make Me Feel So Young” hasta el sugerente colchón melódico de “How About You?”, Sinatra se adentra en el pellejo del amante para imponer con autoridad un catálogo de confidencias envueltas en cuerdas y vientos. “It Happened In Monterey”, “Old Devil Moon”, “Pennies From Heaven”, “Swingin’ Down The Lane”…Su registro se muestra aquí infatigable, blandiendo una batuta capaz de pasar de la emoción contenida de “You’re Getting To Be A Habit With Me” a la melancólica ternura de “How About You?” y de sobreponerse a un orquesta en la que, de haber trescientos instrumentos diferentes sonando al mismo tiempo, su voz seguiría siendo el más magnético y cautivador de todos.

“You Make Me Feel So Young”.

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