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ÁLBUM (2011)

GANG GANG DANCE Eye Contact

4AD-Popstock!
GANG GANG DANCE, Eye Contact
 

De acuerdo. Todo vale. Pero ¿todo es válido? Sí y no. El potaje, la mezcla, el picoteo, el patchwork... tiene que hervir equilibrado y debe cuajar en el punto justo para que un atracón de influencias/referencias no acabe en una indigestión sonora que más que expandir el gusto tapone los sentidos. Gang Gang Dance son verdaderos expertos en el “todo vale”. Su razón de ser –tras una primera etapa de rebelión ruidista y free– es absorber y deglutir (casi) todo lo que se les pone por delante con una voracidad insaciable y un sentido del riesgo ante los que hay que quitarse el sombrero.

Su salto sin red en el pop ecléctico y elástico se ha ido sazonando y equilibrando en los tres últimos álbumes, siempre afinando la fórmula y llevando más allá su mapamundi sin fronteras. “Saint Dymphna” (2008), el cuarto, refinó sus intenciones en un cóctel burbujeante de psicodelia mundialista, dance extático y algún que otro rap de extracción callejera. Fue un disco notable que situó a los de Nueva York en línea preferente de determinado underground que no se conforma con oficiar únicamente en las cavernas de siempre. El ruido mediático que entonces generaban Animal Collective –“Strawberry Jam” (2007) estaba todavía reciente, los pasos de “Merriweather Post Pavilion” (2009) ya se empezaban a oír en la distancia– les restó la atención que merecían. Pero, en retrospectiva, “Saint Dymphna” queda como uno de los frutos más frescos, insolentes y raros de la cosecha de 2008.

Tres años después –y con algún cambio importante: Tim DeWitt, batería y uno de los fundadores, ha abandonado el barco; lo sustituye Jesse Lee–, Gang Gang Dance reaparecen en nuevo sello con un disco deslumbrante, colorista e intenso que los sitúa definitivamente en el casillero de los mejores francotiradores del pop actual.

Más enfocado hacia el formato canción y menos propenso a las divagaciones especulativas, “Eye Contact” agrupa en sus cuarenta y ocho minutos toda la ambición y aventura de los que se saben plenamente conscientes del terreno que pisan. Y es un terreno sumamente resbaladizo, pero que ellos dominan perfectamente con una pócima imaginativa y exuberante que es embotellada con tensión y pasión entre vaharadas de ensoñaciones etéreas, musculosas batallas de ritmo y una extraña y fascinante intuición para sacarle punta al pop menos previsible.

 
GANG GANG DANCE, Eye Contact

Cautivador pantano sonoro de niebla multicolor, grandes piezas de pop orgullosamente bastardo. Foto: Brian Deran

 

El inicio noquea: los once minutos de “Glass Jar” son toda una declaración de intenciones que chapotea entre el ambient alienígena, el spoken word y la new age cósmica. Un monumento de sintetizadores y címbalos que, al final, acoge la voz sobrenatural de una Lizzi Bougatsos en pleno dominio de su estratosférica garganta. Un pórtico que guía posteriormente por atolones de dub borroso, mareas de un Bollywood imposible, estampaciones de seda oriental y neosoul de titanio.

Todo cabe y todo vale en grandes piezas de pop orgullosamente bastardo como “Adult Goth” –un banquete con migajas de UK garage–, “MindKilla” –un Frankenstein que parece ideado en el laboratorio secreto de M.I.A.– o un “Romance Layers” que juega –con la ayuda de Alexis Taylor de Hot Chip– con el soul de ojos azules (y sintéticos).

Festín de teclados lujuriosos, bajos gordos, voces en trance y ritmos selváticos, “Eye Contact” logra el pequeño milagro de hacer accesible una propuesta que en otras manos con menos tacto acabaría como el rosario de la aurora. Pero aquí hay especias sabrosas, una reformulación hipnótica de la llamada world music y una lograda voluntad por escapar del pastiche y crear un estado de elevación mística. Música espiritual que parece querer enlazar el aliento del último Coltrane con las catedrales de hielo de Cocteau Twins, el ADN de la Björk menos autista con las huellas de las grabaciones antropológicas de los primeros discos de pizarra. Un festival que, por una vez, justifica –ampliamente– el enunciado que abre el viaje: “I can hear everything. It’s everything time”. Zambúllanse sin prejuicios en este cautivador pantano sonoro de niebla multicolor.

“Glass Jar”.

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