×

USO DE COOKIES

Este sitio web utiliza Cookies propias y de terceros, para recopilar información con la finalidad de mejorar nuestros servicios, para mostrarle publicidad relacionada con sus preferencias, así como analizar sus hábitos de navegación. Si continua navegando, supone la aceptación de la instalación de las mismas. El usuario tiene la posibilidad de configurar su navegador pudiendo, si así lo desea, impedir que sean instaladas en su disco duro, aunque deberá tener en cuenta que dicha acción podrá ocasionar dificultades de navegación de la página web.

Aceptar Cómo configurar

Cargando...
 

ÁLBUM (2010)

GORILLAZ Plastic Beach

Parlophone-EMI
GORILLAZ, Plastic Beach
 

En algún segmento de la película, Damon Albarn tuvo un sueño y se le concedió un deseo: dejaría de ser un cromo bonito en la apolillada historia del britpop y, sin decir nada feo sobre la aventura de Blur, pasaría el resto de sus días viviendo una aventura musical que desafiaría el aburrimiento y reuniría, de paso, a algunos de sus admirados ídolos.

Manos a la obra y las obras le han dado la razón. Blur dijeron adiós discográficamente con “Think Thank” (2003), pero ya en el paréntesis que hubo entre este final y el anterior “13” (1999), Mr. Albarn empezó a rascarse el picor creativo con proyectos inesperados que agrietaban el cliché de pop star monotemática: ahí esta la banda sonora, a medias con Michael Nyman, del filme “Ravenous” (1999) o el proyecto “Mali Music” (2002), cuaderno de viajes africano de sus encuentros con Toumani Diabaté y Afel Bocoum, entre otros. Un proyecto discutido y criticado (algunos no dudaron en tildarlo de “colonizador”), pero indicativo de por dónde intentaba dirigir sus siguientes pasos. Estaba claro que el crucigrama Blur había agotado sus casillas y que los intentos por hallar el equilibrio perfecto entre Pavement y The Kinks ya no daban más juego. Había que buscarlo en otra parte. Y los buscó: repasen “Democrazy”, el doble vinilo de 2003 (y única referencia hasta el momento enteramente aparecida a su nombre), una colección de maquetas y ensayos que era un gustoso contenedor de ideas apenas hilvanadas de las que después salieron grandes momentos (“I Need A Gun”, por ejemplo, acabó convertida en “Dirty Harry” en el segundo largo de Gorillaz). ¿Gorillaz? Sí: en la apretada y dispersa agenda de Albarn, el grupo de primates virtuales ha terminado convertido en la niña de sus ojos, una pantalla en blanco desde la que colorea todas sus fantasías (animadas) musicales.

Gorilla(z) número 1. Estética militar y grafitera. Puesta de largo oficial en 2001 con el álbum homónimo. 2D, Murdoc, Noodle y Russel saltan al circo de píxeles y beats de hip hop con burbujas. Detrás de las cortinas y de los pinceles de Jamie Hewlett, un diseño de producción firmado por Dan The Automator que convoca a Miho Hatori (Cibo Matto), Del Tha Funky Homosapiens, Tina Weymouth (Talking Heads, Tom Tom Club) e Ibrahim Ferrer (Buena Vista Social Club). Y, desde el más allá, samples de bandas sonoras y de Bo Diddley. Curioso, sí, pero ¿nada más?

 
GORILLAZ, Plastic Beach

El grupo de primates virtuales: la niña de los ojos de Damon Albarn. Y el perfecto álbum de post-pop en un mundo que ya es post-todo.

 

Gorilla(z) número 2. Ese nada más debió rondar por la selva inventada de Albarn & Hewlett. La respuesta llegó con “Demon Days” (2005), versión corregida y aumentada del homínido número 1. Armas, guerra y primeras premoniciones de código verde: la Tierra se agota, la basura nos corroe. Automator da paso a Danger Mouse, las bandas sonoras de zombis no se olvidan y los invitados conforman una mesa (casi) irrepetible: Neneh Cherry, De La Soul, Ike Turner, MF Doom, Roots Manuva, Martina Topley Bird, Shaun Ryder (Happy Mondays, Black Grape), Dennis Hopper y el London Community Gospel Choir. Es el disco de “Feel Good Inc.” y “Dirty Harry”. El disco que suma millones de copias vendidas a las ya despachadas con el anterior. Lo virtual vende, Gorillaz es el grupo que no existe, el grupo que todos conocen. No es, desde luego, el pasatiempo de una superestrella descansando de sus cansinos (y pasados) combates con los pobres Oasis. Es algo serio. Mucho.

Y lo reconfirma a lo muy grande el Gorilla(z) número 3. Este “Plastic Beach” ahora ya definitivamente abonado a la alarma ecologista. Un disco enteramente orquestado por un Albarn en plenitud lunar de inspiración –le precede el sobresaliente ajetreo de The Good, The Bad & The Queen– que en esta ocasión se supera en su poder de seducción para convencer a ilustres y obtener el sí a sus ruegos. Por la playa de plástico desfilan Mos Def y Little Dragon, Bobby Womack y Snoop Dogg, el Hypnotic Brass Ensemble y Kano, Lou Reed y Bashy, De La Soul y Gruff Rhyss (Super Furry Animals), Mark E. Smith (The Fall), la National Orchestra For Arabic Music y los Clash Mick Jones y Paul Simonon. Una nómina espectacular que arranca un vehículo trufado de hip hop y soul, de psicodelia y pop, de funk y world music. Con cruces imposibles (sobre el papel) como ese deslumbrante encuentro entre cuerdas árabes y grime de “White Flag”. O como esa reformulación del soul a lo Curtis Mayfield de “Stylo” con un inmenso Bobby Womack. ¿Y qué me dicen de “Some Kind Of Nature”, a medias entre Albarn y Reed? Una de las canciones del año encendiendo chispas a priori desconocidas entre lo mejor de Blur y lo mejor del ex Velvet Underground.

“Plastic Beach” es el perfecto álbum de post-pop en un mundo que ya es post-todo. Canciones para saludar a un mundo que se hunde en su locura sintética. Damon Albarn tuvo un sueño y Gorillaz mediante se ha cumplido. Aleluya.

“Some Kind Of Nature” (con Lou Reed).

Arriba