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ÁLBUM (2017)

GREGG ALLMAN Southern Blood

Rounder-Universal
GREGG ALLMAN, Southern Blood
 

Un verdadero hombre es el que sabe renunciar. Gregg Allman (1947-2017) deja como último legado un disco que renuncia, aun a sabiendas de que el tiempo se le escapaba, a la tentación nostálgica de expresarse solo como un mero y taciturno adiós. Porque, en el fondo, este, más que un álbum sobre la muerte, esa que Allman sabía que le rondaba a la vuelta de la esquina, sí o sí, tan cercana (cáncer de hígado: cinco años de una lucha que acabó el pasado 27 de mayo), es, sobre todo, un álbum sobre el significado de una vida, la suya. Y, por consiguiente, una obra hecha con pasión. Con dolor, pero con pasión. Con vida.

Como no le daba tiempo a componer canciones –solo una, “My Only True Friend”, a medias con Scott Sharrard, su guitarrista–, decidió versionar otras que validasen lo que él quería decir. “Once I Was” de Tim Buckley, “I Love The Life I Live” de Willie Dixon, “Song For Adam” de Jackson Browne (con su autor en la segunda voz; un sentido recuerdo a su hermano Duane)... Una selección de apariencia oscura, pero no tanto: si crees que se acepta la muerte en “Going Going Gone” de Bob Dylan –aunque la letra original se refiere al final de una etapa, no al de la existencia–, tres cortes más adelante escuchas cómo se celebra el hedonismo y la resistencia en “Willin’” de Lowell George.

Todo fue deprisa: se grabó en 2016 en Alabama, en los Fame Studios de Muscle Shoals (con su banda de carretera dándole cobertura y Don Was de productor), y las mezclas finales de varios de los temas las escuchó Gregg la última noche antes de fallecer. El momento epifánico: en “Song For Adam”, composición sobre la muerte de un amigo que a Gregg le hacía pensar en su hermano Duane, ese recuerdo en el que ha habitado desde 1971, cuando llega el verso “aún parece que él dejó de cantar en medio de su canción” y se le rompe la voz, renunciando a entonar las dos siguientes frases.

“Going Going Gone”.

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