Cualquiera que sienta simpatía, predilección o auténtica devoción por un género musical como el country ha sostenido entre los labios el nombre de Hank Williams. Es una de las raíces más profundas, uno de los tallos, si no el tallo, sobre los que crece una música que ha conocido intérpretes excepcionales y renovadores muy talentosos a lo largo de las décadas. Aunque su trono sigue inamovible.
Un botón de muestra es el primer volumen de “The Unreleased Recordings”, una excelente compilación compuesta por cincuenta y cuatro canciones, que se reparten entre cuarenta composiciones inéditas y una selección de su material más conocido. El sello Time Life ha recuperado ciento cuarenta y tres grabaciones que el artista y su banda grabaron a lo largo del año 1951 en setenta y dos shows del programa radiofónico ‘Mother’s Best Flour’, de la celebrada WSM-AM Nashville. Ahora llega una primera entrega que ha de tener sucesivas continuaciones a lo largo de los tres años siguientes. El rescate ha merecido la pena si se tiene en cuenta que la materia prima eran discos de acetato de dieciséis pulgadas y que la batalla legal por los derechos de las canciones ha durado ocho años.
Tiene razón Jett Williams, la hija del artista y ganadora moral y real del litigio, cuando en referencia a este lote afirma, por ejemplo: “Nunca has escuchado la versión de ‘Cold, Cold Heart’. Tú puedes haber escuchado la versión original, pero nunca has escuchado la versión que Hank Williams cantó el 3 de febrero de 1951”. No es la consabida argucia promocional tan en boga en estos tiempos, es una definición sincera de lo que se halla en el interior: material emocionante, cálido, recorrido por las magnéticas cualidades de un compositor y un vocalista excepcional. Flamante ejemplo de ese don comunicativo que tienen algunos artistas, capaces, como en el caso de Williams, de transmitir y traspasar con unas canciones que cuando no brotaban de su propia guitarra eran adaptadas de la tradición oral. Tintinea de verdad. 