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ÁLBUM (2011)

IRON AND WINE Kiss Each Other Clean

Warner Bros.-4AD-Popstock!
IRON AND WINE, Kiss Each Other Clean
 

En “The Shepherd’s Dog” (2007), y quizá tras su buena experiencia con los eclécticos Calexico, el hombre tranquilo conocido como Sam Beam decidió salpicar su country-folk susurrante con especias y ritmos de diversas procedencias. Y en las mismas sigue en “Kiss Each Other Clean”, disco osado y conseguido, colorido y matizado, en torno al amor que se encuentra y se pierde y todo el cosmos que lo rodea.

La diferencia, si quieren, es ese toque soft rock tan en boga en 2011 después de la avanzadilla de Gayngs el año pasado: los saxos y los sintes en contexto rock, o folk-rock en este caso, están a la orden del día. Steely Dan son el nuevo eje principal. Esta táctica le lleva por mal camino en un par de canciones, “Me And Lazarus” primero, “Big Burned Hand” después. Renqueante una y algo fea la segunda, saltarán seguramente de cualquier preselección para un futuro greatest hits de Iron And Wine.

Pero “Kiss Each Other Clean” es, durante el resto del metraje, otra exhibición de brillantez compositiva y búsqueda fructuosa de un ropaje sonoro inquieto; del que no se agota, del que descubres nuevos detalles con cada escucha. La inicial “Walking Far From Home” recuerda a Dylan en la letra y al último Roky Erickson en la melodía, aunque todo ello con producción estilo 10cc (funciona). Hay acertados saltos del campo a la jungla: “Monkeys Uptown” –envidia de Manu Chao o de Gorillaz– y la dramática “Rabbit Will Run” forman parte ya de sus clásicos. Por otro lado, el aparente guiño a James Taylor y el rock de onda media setentero de “Tree By The River” enamora sin dificultad.

Pero lo mejor se lo reserva Beam para el final: una infinita, explosiva, o quizá implosiva, “Your Fake Name Is Good Enough For Me”, con una última recta particularmente desbordante entre la mágica aliteración vocal (“We will become, become...”), los vientos jazz y avant-garde, los coros de sirena y una eléctrica desatada al fondo. Un poco como cuando Sufjan Stevens es grande sin ser elefantiásico.

“Monkeys Uptown”.

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