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ÁLBUM (2011)

JAMES BLAKE James Blake

Atlas-A&M-Universal
JAMES BLAKE, James Blake
 

Las expectativas no acostumbran a ser buenas compañeras de viaje, pero ¿cómo no tenerlas cuando se anunció el debut en largo de James Blake? El prodigio de Deptford había dejado tantas migajas deslumbrantes a lo largo del pasado 2010 –los EPs “The Bells Sketch”, “CYMK” y “Klavierwerke”, además de su apropiación de Feist en “Limit To Your Love”– que las orejas se pusieron tensas y empezaron a chorrear de gusto. Pues aquí está. Y lo bueno es que no se parece a nada de lo que antes había publicado el señorito Blake. Aunque tampoco los EPs tenían casi nada que ver entre sí. Parecían tubos de arte y ensayo donde volcar las ideas en progresión que iban bullendo en su cabecita de geniecillo precoz. Su acercamiento a la electrónica a partir de las derivas del dubstep siempre despedía un tufo algo marciano, con sus ritmos triturados, sus tempos al ralentí y sus voces colgadas como fantasmas en la niebla. Lo mejor, además de esta fructífera diversidad, era que había un no sé qué que lo unificaba todo, ese espacio propio, a veces intangible y escurridizo, que todo creador debe conseguir atrapar para que su obra tenga coherencia y transmita un sentido.

Blake es un hijo de la última electrónica británica, claro, y se sirve de ella para pintar sus lienzos de desazón amorosa y urticaria existencial, pero también un estudioso de la música popular –a punto de licenciarse en la Goldsmiths University– que se ha zambullido sin complejos en los anchos mares del soul, el folk y el pop. Sus maxis-probeta lo llevaron paulatinamente hacia las playas de la voz y el piano –instrumento que estudió desde los seis años– y en “Klavierwerke” –especialmente en piezas como “I Only Know (What I Know Now)”– esta deriva hacia la “limpieza” y lo “humano” se destapaba sin miedo. Pero el clic (o el crac) llegaría con ese “Limit To Your Love”, la versión del tema que Feist incluyó en “The Reminder” (2007) y que Blake interiorizó y subió a las alturas de la eternidad. Este remake es lo único del material ya escuchado que se incluye en “James Blake” y que marca un poco el tono de todo el largo, un largo de duración adecuada (no llega a los cuarenta minutos) que despliega a lo alto y a lo ancho al Blake cantante –con la voz más o menos pasada por filtros, siempre en dosis tolerables– pero que no descuida en ningún momento al Blake productor de rutas sonoras económicas y subyugantes.

 
JAMES BLAKE, James Blake

Productor de rutas sonoras subyugantes que tiene la pátina de lo inédito y de lo conocido: evoca y emociona, deslumbra y abraza.

 

Los ritmos se mecen como latidos de corazones y el paisaje se despliega con ruidos de fondo, crujidos y cenefas eclesiásticas. El resultado es fascinante y de él emerge una versión inclasificable de algo que podríamos llamar soul pero que, por supuesto, no se adhiere a los parámetros del género. Blake ha dicho que su intención es hacer canciones “normales” con herramientas que no sean las tradicionales y en este sentido el álbum es un triunfo en toda regla. Tiene la pátina de lo inédito y de lo conocido, evoca y emociona, deslumbra y abraza. También ha dicho que la Joni Mitchell de “Blue” (1971), la más íntima, ha sido un ejemplo importante. Añadiríamos a Beth Gibbons y a Antony, pero también a Donny Hathaway y a D’Angelo, a Jamie Lidell y a los olvidados Pigeonhed. En cualquier caso, flashes de lo mejor de lo mejor que se disparan en multitud de direcciones mientras el espacio se derrite con la belleza de “Give Me My Month”, “Why Don’t You Call Me”, “Unluck” o “I Mind”. Así que, expectativas cumplidas –aquí cuaja, en su punto, todo lo que el debut de Darkstar prometía y no acababa de dar– y primer serio candidato a disco de 2011.

“Limit To Your Love”.

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