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ÁLBUM (2016)

JAMILA WOODS HEAVN

Closed Sessions
JAMILA WOODS, HEAVN
 

El sello de Chicago Closed Sessions publicó el año pasado en digital el álbum de debut de Jamila Woods, un disco que ahora tiene una nueva oportunidad en la recuperación, en vinilo y CD, que acaba de hacer Jagjaguwar. “HEAVN” lo merece.

Chicago está que arde. Las estadísticas criminales en 2016 se han disparado y el racismo de la policía está a la orden del día, toda una materia prima para la candente escena de música negra de la ciudad. Algunos de sus mejores representantes han salido de los encuentros de slam poetry a micro abierto, células de resistencia artística desde las que combatir la segregación y las tensiones de la Windy City. En la estela de Chance The Rapper, Mick Jenkins o Noname –busquen, ya, su reciente “Telefone”–, Jamila Woods se presenta como una de las (porta)voces mejor preparadas ante el tinglado.

Directora artística de la Young Chicago Authors y nominada al Pushcart Prize de literatura, llega desde el barrio burgués mayoritariamente blanco de Beverly. Entre referencias a la histórica abolicionista Sojourner Truth o a la Pantera Negra Assata Shakur, Jamila se muestra contestataria pero libre de todo rencor, como si la capacidad sanadora de la música, que cultivó durante su infancia como corista de iglesia, le hubiese bajado los humos a una canción protesta que suena exactamente como el título del disco sugiere: celestial.

Es un R&B preñado de góspel y soul que inocula el poder de la palabra desde lustrosas tesituras. Las guerreras “Blk Girl Soldier” y “VRY BLK” (imbuida de una pureza casi infantil) son golosinas de envoltorio preciosista, repletas de matices melódicos que las hacen sonar tan arrebatadoras como terapéuticas. Para concebirlas, nuestra protagonista ha escarbado en el arrojo templado de Erykah Badu y ha buscado respaldo en la cremosa producción de, entre otros, los pujantes Kweku Collins, Saba y oddCouple. Este último es el que se lleva los mejores créditos gracias al radiante broche final “Way Up”.

Jamila escribe sobre su ciudad no para agitar los problemas sociales, sino con la intención de implantar soluciones de raíz. Se muestra indignada, sobre todo por la imagen que la propia opinión pública cultiva de Chicago, pero también generosa. Quiere conceder a sus oyentes un respiro, darles espacios de sosiego como los que ofrecen a la urbe las playas del lago Michigan (“LSD”). De sus aguas emerge, bajo un dramático cielo pastel, en la portada del álbum: una nueva musa para los que aún confían en el amor propio como ingrediente esencial para abrazar el universal. Solo así se puede calmar el incendio.

“Blk Girl Soldier”.

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