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ÁLBUM (2009)

JOAN MIQUEL OLIVER Bombón Mallorquín

Blau-Discmedi
JOAN MIQUEL OLIVER, Bombón Mallorquín
 

¿Polo de limón o polo de menta? Bombón Mallorquín. El azúcar helado como magdalena proustiana para recorrer los pasadizos de la memoria. Ese es el punto de partida: “Bombón Mallorquín” es, supuestamente, un retorno a la infancia que busca en las palabras y en la música ese escalofrío sepia que a veces nos golpea delante de fotografías antiguas y olvidadas. Para su segunda aventura en solitario tras “Surfistes en càmera lenta” (2005), el jefe de Antònia Font se encierra en su peculiar máquina del tiempo y afina sus juegos malabares con el vocabulario y los sonidos.

Joan Miquel Oliver es un genieciello incontinente y las ideas más simples adquieren en sus manos unas resonancias insólitas. Siempre bordeando la broma más o menos ocurrente y el nudo en la garganta. Sus disecciones de las relaciones amorosas te dejan con cara de tonto y el corazón hecho polvo (“Final feliç”) y sus viñetas de retrofuturismo de extrarradio (“Marcianet de Mart”) son dignas del Ray Bradbury más conciso. “Bombón Mallorquín” refina y define el Mundo Oliver, un mundo donde las asociaciones de ideas son tan importantes como el caldo del arroz, donde los objetos inanimados se encuentran y se reconocen y donde los humanos transitan con el interrogante de la extrañeza en el capazo.

Si añadimos un sentido melódico poco común y una piscina musical donde las cumbres de los Apalaches se reflejan en el Mediterráneo (“Lego”), el reggaetón saca la lengua con gracia (“Dins un avió de paper”) y el trip-hop despliega sus vaivenes evocadores (“Arbre que mira farola”, “Polo de menta”...), no tendremos más remedio que acudir veloces a la heladería más cercana. Con orquesta y banda o (casi) solo y con cuatro trastos –teclados, percusión, guitarra, bajo–, el mallorquín nos invita a mirar sin temor en esos rincones desconocidos que todos llevamos dentro. Gran mago, gran magia.

“Final feliç”.

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