×

USO DE COOKIES

Este sitio web utiliza Cookies propias y de terceros, para recopilar información con la finalidad de mejorar nuestros servicios, para mostrarle publicidad relacionada con sus preferencias, así como analizar sus hábitos de navegación. Si continua navegando, supone la aceptación de la instalación de las mismas. El usuario tiene la posibilidad de configurar su navegador pudiendo, si así lo desea, impedir que sean instaladas en su disco duro, aunque deberá tener en cuenta que dicha acción podrá ocasionar dificultades de navegación de la página web.

Aceptar Cómo configurar

Cargando...
 

ÁLBUM (2011)

JOE CREPÚSCULO Nuevo ritmo

Canada-Naïve
JOE CREPÚSCULO, Nuevo ritmo
 

Parece que ha quedado atrás el momento prolífico de Joe Crepúsculo, aquel que lo vio emerger con tres álbumes magníficos en apenas año y medio. La maniobra de “Nuevo ritmo” –con bastantes paralelismos con “Lo nuevo” de Astrud– se puede interpretar como un ejercicio de riesgo creativo, un desafío libre a los prejuicios anglófilos que imperan en nuestra escena... y también como una forma de camuflar su falta de creatividad actual.

Solo hay cuatro composiciones nuevas (y no especialmente brillantes) en el cuarto largo del catalán, aunque mantienen un curioso sentido argumental al reflexionar sobre el pasado y el futuro, mientras que “Tus cosas buenas” cumple su función de tema de apertura y declaración de intenciones (una loa al continente americano, en especial a su cono sur) sobre el cambio radical de estilo con el que nos vamos a encontrar. O quizás no tan radical: ya en “Chill Out” (2009) cobraban especial protagonismo las guitarras de aire blues-rock rancio a cargo de Sergio Pérez y algunas baterías. Ahora se incorporan también los vientos de Jens Neumaier, Maik Alemany y Edu Pou, y el otrora trovador tecno se lanza completamente a un sonido orgánico para cambiar la vestimenta a cuatro canciones de “Supercrepus” y otras tantas de “Escuela de zebras” (sus dos discos de 2008).

El teclista de Tarántula siempre ansió sonar verbenero y popular, aunque sin perder esa sensación de extrañeza macarra, algo así como el cántico del borracho lúcido de la fiesta que le otorgan sus peculiares letras. Lo consigue de forma tan nítida como surrealista al pasar sus viejos temas por un tamiz neomestizo en el que entran la bossa nova y la bachata, la pachanga y el tex mex, la canción de fuego de campamento y Phil Spector, el swing y Mark Knopfler. El problema es que, salvo “Los viejos”, todos los cortes pierden con respecto a los originales. En la mayor parte de los casos suenan cutres (¡esa voz feísta!) y casposos. Por encima del ánimo de subvertir algo, la impresión final que queda es que se trata de una broma caprichosa, y que solo funcionará dependiendo del ánimo que tenga uno de reírsela.

“Los viejos”.

Arriba