El 3 de febrero de 1967, el productor y compositor británico Joe Meek le dispara a su casera, gira el cañón hacia su sien y no duda en volver a apretar el gatillo. Aquel mismo día se cumplía el octavo aniversario de la muerte de Buddy Holly, su gran ídolo. ¿Casualidad o crónica de una muerte ridícula? Tratándose de quien se trataba, no es difícil apostar sobre seguro a que el suicidio de Joe Meek no estaba escrito en las estrellas, sino que más bien parecía llegar susurrado de un más allá que sólo él conocía. Alguna vez llegó a comentar que estaba en tratos con el espíritu de Buddy Holly.
¿Quién era Joe Meek? La respuesta de libro es que Joe Meek, nacido en 1929, fue la alternativa inglesa al wall of sound de Phil Spector, un símil que simplifica la envergadura de un artista con enigmáticos recovecos, grandes ideas y enormes traumas. Joe Meek y el pop nacieron casi de la mano. A mediados de los cincuenta, Meek había conseguido meter las narices en los estudios de grabación IBC y Lansdowne como asistente. Imaginar sonidos ocupaba todo su tiempo. Hacerlos posibles era su reto. Llegó a fabricarse magnetófonos caseros y otros cachivaches que conseguían deformar el sonido o crear ecos. Pero ni Pye Records, ni Philips ni Decca estaban dispuestos a perder su tiempo en las chaladuras de un aprendiz de productor cuando las crecientes ventas de singles hacían presagiar un mercado sin límites a corto plazo. Por sus manos no sólo pasaron estrellas del pop, sino que también tuvo que vérselas con la tradición folk y el ritmo del jazz. Pronto llegaron sus primeros números uno (“Puttin’ On The Style” de LONNIE DONEGAN & HIS SKIFFLE GROUP y “Garden Of Eden” de FRANKIE VAUGHAN triunfaron en los primeros meses de 1957); pero cansado de trabajar para los demás y seguro de su capacidad para hacer algo nuevo desde la mesa de grabación, en febrero de 1960 Meek dejó plantados a los gerifaltes discográficos y montó su propio sello, Triumph Records.
Si hoy “I Hear A New World” parece la sintonía de una película casera de ciencia-ficción, no cuesta imaginar la cara de perplejidad que en su día debieron de poner incluso sus amigos más cercanos. Triumph Records comenzaba haciendo historia publicando una de las primeras piezas ambientales de pop electrónico. Sólo unos meses después, “Angela Jones”, interpretada por MICHAEL COX, se convertía en la última producción de Meek para su sello. ¿Las razones de tan efímera aventura? Triumph tenía serios problemas de distribución, pero Meek, antes de luchar por lo que era suyo, abandonó el romanticismo, se empapó de soberbia y se ofreció al mundo como productor independiente.


























