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BOX SET (2005)

JOE MEEK Portrait Of A Genius. The RGM Legacy

Castle-Sanctuary-[PIAS] Spain
JOE MEEK, Portrait Of A Genius. The RGM Legacy
 

Esta caja, que incluye cuatro CDs que rastrean en profundidad en el período 1955-1966 y aporta un goloso libreto documental, es el fiel perfil de un genio, el del productor y compositor británico Joe Meek (1929-1967). Una recopilación que refleja por igual sus éxitos y sus fracasos, sus singles millonarios y sus demos olvidadas. Además de ser la alternativa inglesa al wall of sound de Phil Spector, Meek fue un artista con enigmáticos recovecos, grandes ideas y enormes traumas que no solo trabajó con estrellas del pop, sino que también tuvo que vérselas con músicos de folk y jazz. César Estabiel retrató en esta crítica al hombre que, finalmente, pasó a la historia por sus instrumentales y su estrambótico sonido.

El 3 de febrero de 1967, el productor y compositor británico Joe Meek le dispara a su casera, gira el cañón hacia su sien y no duda en volver a apretar el gatillo. Aquel mismo día se cumplía el octavo aniversario de la muerte de Buddy Holly, su gran ídolo. ¿Casualidad o crónica de una muerte ridícula? Tratándose de quien se trataba, no es difícil apostar sobre seguro a que el suicidio de Joe Meek no estaba escrito en las estrellas, sino que más bien parecía llegar susurrado de un más allá que sólo él conocía. Alguna vez llegó a comentar que estaba en tratos con el espíritu de Buddy Holly.

¿Quién era Joe Meek? La respuesta de libro es que Joe Meek, nacido en 1929, fue la alternativa inglesa al wall of sound de Phil Spector, un símil que simplifica la envergadura de un artista con enigmáticos recovecos, grandes ideas y enormes traumas. Joe Meek y el pop nacieron casi de la mano. A mediados de los cincuenta, Meek había conseguido meter las narices en los estudios de grabación IBC y Lansdowne como asistente. Imaginar sonidos ocupaba todo su tiempo. Hacerlos posibles era su reto. Llegó a fabricarse magnetófonos caseros y otros cachivaches que conseguían deformar el sonido o crear ecos. Pero ni Pye Records, ni Philips ni Decca estaban dispuestos a perder su tiempo en las chaladuras de un aprendiz de productor cuando las crecientes ventas de singles hacían presagiar un mercado sin límites a corto plazo. Por sus manos no sólo pasaron estrellas del pop, sino que también tuvo que vérselas con la tradición folk y el ritmo del jazz. Pronto llegaron sus primeros números uno (“Garden Of Eden” de FRANKIE VAUGHAN y “Puttin’ On The Style” de LONNIE DONEGAN & HIS SKIFFLE GROUP triunfaron en los primeros meses de 1957); pero cansado de trabajar para los demás y seguro de su capacidad para hacer algo nuevo desde la mesa de grabación, en febrero de 1960 Meek dejó plantados a los gerifaltes discográficos y montó su propio sello, Triumph Records.

Si hoy “I Hear A New World” parece la sintonía de una película casera de ciencia-ficción, no cuesta imaginar la cara de perplejidad que en su día debieron de poner incluso sus amigos más cercanos. Triumph Records comenzaba haciendo historia publicando una de las primeras piezas ambientales de pop electrónico. Sólo unos meses después, “Angela Jones”, interpretada por MICHAEL COX, se convertía en la última producción de Meek para su sello. ¿Las razones de tan efímera aventura? Triumph tenía serios problemas de distribución, pero Meek, antes de luchar por lo que era suyo, abandonó el romanticismo, se empapó de soberbia y se ofreció al mundo como productor independiente.

 
JOE MEEK, Portrait Of A Genius. The RGM Legacy

La alternativa inglesa al “wall of sound” de Phil Spector hizo del pop la más fantástica de las evasiones.

 

Joe Meek no viviría un año tan feliz como 1962. El single “Telstar” tuvo la culpa. Interpretado por THE TORNADOS, se convertiría en el rock instrumental más vendido en Inglaterra. Fue su primera incursión en el mercado norteamericano, justo un año antes de la invasión británica encabezada por The Beatles. Sintiéndose ya admirado y envidiado, Meek dejó de especular con su trabajo y consolidó dos maneras de trabajar. Le gustaba cubrir las voces femeninas con un sonido burbujeante y futurista, muy en la línea de Raymond Scott, otro compositor, inventor y visionario. Sin embargo, los registros masculinos los solía atrapar en un sonido comprimido, de una densidad casi asfixiante.

Pero si por algo le recordarán los charts, será por sus instrumentales. Con bandas como The Tornados, THE CHECKMATES o THE THUNDERBOLTS, inventó el surf del futuro con percusiones veloces y un órgano guiando la melodía como si de señales extraterrestres se tratara. En 1963, Joe Meek se veía en la cima del mundo. Y entonces empezó a sufrir mal de altura. Su desmesurada ambición y su amor propio le llevaron a perder de vista a los protagonistas de su éxito: sus artistas. Meek empezó a considerarlos simples conejillos de Indias cuya proyección profesional era sólo plastilina entre sus dedos.

Joe Meek hizo del pop la más fantástica de las evasiones. Confió tanto en su imaginación que no se percató del momento en que el personaje devoró a la persona y sus fantasías se apropiaron de su vida. El mundo real le quedaba ya lejos. Pero ¿a qué respondía esa ansiedad casi patológica de evasión? Cuentan que su insegura vida sexual algo tuvo que ver. Dicen que, de pequeño, su padre lo vestía de niña burlándose de él y que sufrió tal represión que las anfetaminas se convirtieron en parche para sus traumas. Casi fue obligado a confesar su homosexualidad. Sabía que mientras el éxito le fuera fiel sus complejos seguirían escondidos, pero a mediados de 1963 la vida ya no fue tan generosa con él. El nuevo pop de The Beatles devaluó las fantasías de Meek. Su estrambótico sonido empezó a ser considerado desfasado por la industria. ¿Desfasado? Qué disparate. Desde entonces Meek sólo vivió motivado por una obsesión: que la próxima producción le cambiara la vida a un hombre que ya sólo vivía de los royalties de “Telstar”. Intentar, lo intentó. Sólo un dato, pero muy significativo: entre 1962 y 1964, Phil Spector sacó veinticuatro singles. Joe Meek, ciento cuarenta y uno.

“Portrait Of A Genius. The RGM Legacy” (cuatro CDs y un libreto documental) recoge el fiel perfil de un genio. Una recopilación que refleja por igual sus éxitos y sus fracasos, sus singles millonarios y sus demos olvidadas, sus hallazgos y sus vicios, las razones que permiten el acceso a la fama y los indicios que condenan a una muerte anunciada. Porque un genio nunca lo es si en su deslumbrante figura no están impresas todas y cada una de sus ruinas.

The Blue Men: “I Hear A New World”.

The Tornados: “Telstar”.

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