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BOX SET (2010)

JOHN LENNON Signature

EMI
JOHN LENNON, Signature
 

A finales del 2010, coincidiendo con el treinta aniversario del asesinato de John Lennon (1940-1980), se publicó esta caja antológica con la remasterización de toda la obra en solitario del ex-Beatles. Una buena ocasión para comprobar que los discos de Lennon, escuchados uno detrás de otro, ofrecen un retrato perfecto de los inconstantes y disolutos años setenta vividos por el mito Lennon. Ferran Llauradó analizó esos vaivenes en la trayectoria artística de Lennon, un hombre enfrentado a una madurez tortuosa, y escribió este brillante texto. Debajo, se puede escuchar el primal scream de “Mother”.

Dejemos todo de lado e intentemos acercarnos a “Signature”, la caja que reúne la discografía remasterizada de John Lennon (también disponible por separado) más el doble CD “Singles & Home Tapes”, con una mirada relativamente limpia. Más allá de cualquier tipo de consideración adicional, ¿qué es si no el retrato artístico de un hombre afrontando una madurez tortuosa a quemarropa?

Pero empecemos por el principio. Y en el principio fue el trauma, un dolor que ha sido ampliamente documentado, obviamente encuadrado en la ruptura de los Beatles y en el abandono de la alegre camarilla de los 20 años, el mismo que hundió a Paul McCartney en una breve fase alcohólica y lo-fi y ahondó la inclinación espiritual de George Harrison, y que Lennon magnifica hasta convertir en paradigma. Se diría incluso que en este período, con la publicación de “Plastic Ono Band” (1970), quiso encarnar toda la angustia y desconcierto de la humanidad: es el primal scream que aulló al final de “Mother” inducido por la terapia psicológica del Dr. Arthur Janov pero que podemos trasladar incluso a la totalidad del sonido Lennon; en términos radicalmente distintos, sus discos fueron los únicos que, globalmente, siguieron teniendo la ambición sónica de los Beatles. Tal vez sea en este álbum donde se pueda poner algún reparo a la tarea de remasterización; realizada con el mismo cuidado y calidad técnica que en el caso de las recientes de The Beatles, aquí se engrandece el tremendo trabajo de Ringo Starr en la batería y Klaus Voormann en el bajo, ya subrayado por la producción de Phil Spector, pero se pierde un punto de aridez esencial. Hay, evidentemente, mucho más en uno de los grandes clásicos del siglo XX: el “The dream is over” que cerraba “God” terminaba con los sesenta e inauguraba la vertiente introspectiva e individualista de los setenta (la era del singer-songwriter, que empieza aquí).

Tras la terapia de choque, es obvio que Lennon se siente reforzado, con ganas de nuevo de acometer empresas ambiciosas que le devuelvan a la primera página comercial, incluso con un punto chulesco. Solo desde este punto de vista puede entenderse “Imagine” (1971), disco empañado por la fama mundial de su canción titular, y que fijará la imagen pacifista de Lennon en el ideario colectivo. La verdad es que se trata de un gran disco de baladas soberbiamente arregladas, con toneladas de azúcar y un elenco de músicos de primera línea, donde Lennon se luce por fin en el terreno de la intimidad sentimental; pocos peros se pueden poner a “Jealous Guy”, “Oh My Love”, “How?” y “Oh Yoko!”.

 
JOHN LENNON, Signature

John Lennon y sus circunstancias, las que fijarán la imagen pacifista del ex-Beatles en el ideario colectivo.

 

Poco después, el cantante se instaló definitivamente en Nueva York junto con Yoko Ono, reclutó una banda de excéntricos en Greenwich Village (los Elephant’s Memory) y se obcecó en convertirse en una especie de cantautor de protesta vanguardista, a medio camino entre el primer Phil Ochs y The Fugs. Como resultado, “Some Time In New York City” (1972), disco doble altamente politizado y de difícil digestión que contribuyó a buscarle todavía más problemas con las autoridades norteamericanas, deseosas de deportarlo a la primera oportunidad. Fue totalmente incomprendido, en parte por la incomodidad de los temas tratados (los disturbios de “Attica State”, la masacre del “Sunday Bloody Sunday”, el feminismo controvertido de “Woman Is The Nigger Of The World”), y en parte por la presencia en forma de diálogo de temas compuestos y cantados por Yoko, en una estructura que prefigura la de “Double Fantasy” (1980). La aventura tuvo su precio.

Con la presión mediática y gubernamental acuciando cada vez más, Yoko Ono decidió entonces expulsar a Lennon de Nueva York y mandarlo a Los Ángeles junto con su secretaria, y pronto amante, May Pang, en lo que se ha denominado lost weekend, un período de dieciséis meses en los que el cantante se enfrascará en una fiesta perpetua y autodestructiva que producirá tres discos: “Mind Games” (1973), “Walls And Bridges” (1974) y “Rock'N'Roll” (1975). El primero, técnicamente pre-weekend y grabado en Nueva York meses antes de la ruptura, recoge el sonido trabajado y el testimonio intimista de las baladas de “Imagine”, pero ya con tintes de tensión evidentes: “Aisumasen (I’m Sorry)” y “One Day (At A Time)”, a pesar del acompañamiento soft rock, tienen un punto de desesperación desquiciada a años luz del lamento puro de “Jealous Guy”. No es su disco más reivindicable, pero tampoco es tan flojo como “Rock'N'Roll”, el disco de versiones de clásicos del rock grabado a continuación junto a Phil Spector, cuya edición se vio retrasada por la decisión de este de largarse con las cintas y permanecer un tiempo en paradero desconocido. Por mucho que fuese un disco importante para él, tiene el dudoso honor de haber estandarizado la manera AOR de tocar “ruacanrol” que persiste hasta hoy en día.

 
JOHN LENNON, Signature

Nace Sean Lennon en 1975 y John Lennon decide quedarse cinco años cuidando del bebé; Yoko Ono se ocupará de los negocios.

 

Por suerte, al final de la tormenta, empezaron a nacer las nuevas composiciones originales que conforman “Walls And Bridges”, una especie de hermano guapo y más inspirado de “Mind Games”, peinado y perfumado por los arreglos de Ken Ascher: un festivo “Whatever Gets You Thru The Night”, junto con Elton John, rememora juergas sin fin, y lo llevó de nuevo a lo más alto de las listas norteamericanas, pero la verdadera joya es “#9 Dream”, con una estructura embriagadora, unas cuerdas perfectas y los superexcitantes susurros de May Pang como colofón.

Con el nacimiento de Sean Lennon en 1975, John decide quedarse cinco años cuidando del bebé mientras Yoko se ocupa del business, hasta adquirir una paz doméstica casi beatífica que resultó en las canciones de “Double Fantasy” (disco que también puede adquirirse en versión desnuda por separado) y “Milk And Honey” (1984, editado póstumamente). Es cierto que presentaron a un Lennon totalmente ensimismado y con el brillo peculiar de las producciones ochenteras, pero son discos que producen una embriaguez extraña, seguramente más intoxicante que cualquiera de sus producciones más arriesgadas. Aquí hay canciones de primer rango sentimental como “(Just Like) Starting Over”, “Woman”, “Beautiful Boy (Darling Boy)” y, en el último, “Nobody Told Me”, pero, además, en las aportaciones de Ono late ya el NYC post-punk más bullicioso: “Kiss Kiss Kiss” (puro B-52’s) o “Beautiful Boys” de “Double Fantasy” proceden de un mundo sobrenatural. “Don’t be afraid to go to hell and back”, le canta Ono en esta última. No se me ocurre un mejor resumen de este viaje. Limpien su mente y vuelvan a él.

“Mother”

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