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ÁLBUM (2011)

JOSH T. PEARSON Last Of The Country Gentlemen

Mute-[PIAS] Spain
JOSH T. PEARSON, Last Of The Country Gentlemen
 

Esto hace daño. Escuece. Te refriega por la cara las heridas y el pus. El dolor y la oscuridad. Diez años en el limbo y ahora esto. Sin compasión. Parece que Josh T. Pearson no sabe hacer las cosas de otra manera. Siempre en carne viva, a quemarropa. Cabrón. Saboreó las mieles del (relativo) éxito con “The Texas-Jerusalem Crossroads” (2001), el disco doble que firmó como Lift To Experience y que con el paso del tiempo ha ido aumentando su estatus de pieza de culto, y dio portazo a todas las expectativas. La celebridad no es para mí: mata. Gracias y adiós.

El texano echó las cortinas de la retirada y desde entonces las noticias iban cayendo con cuentagotas: actuaciones en bares de mala muerte, alcohol, nomadismo y puntuales declaraciones de admiradores diversos que remitían al embrujo eléctrico de ese único álbum. Dirty Three compartieron un split single con él: Pearson se ponía en la piel del Hank Williams de “I’m So Lonesome I Could Cry”. Natasha Khan logró convencerlo para que participara en un par de cortes de “Fur And Gold” (2006), el debut de Bat For Lashes. Algo se mueve. Sigue tocando con regularidad e incluso vende algún que otro CD-R de sus actuaciones. Se sabe que Pearson vive en Berlín, luego en París. Graba con el pianista Dustin O’Halloran.

Y Mute anuncia este “Last Of The Country Gentlemen”, un disco que es, según confiesa el interesado, “el remate de un año terrible”. Un disco que hace que Leonard Cohen parezca John Belushi. Un disco que es como inocularse un veneno lento. Ascético y nocturno. Directo. Con las cicatrices sin cerrar. Con una atmósfera de confesión y derrota que pone los pelos de punta. Un divorce album que no busca las palabras bonitas, la metáfora hermosa: habla con una franqueza casi impúdica sobre adicciones, infidelidades, los espinosos caminos del amor y la búsqueda de la redención.

 
JOSH T. PEARSON, Last Of The Country Gentlemen

El pellizco de un disco con sabor a clásico. Foto: Steve Gullick

 

Pearson se ha arrancado estas canciones de las tripas para exorcizar los demonios de un matrimonio tocado y hundido. Es su terapia, y la comparte para que podamos padecer –y disfrutar– con las desgracias ajenas, con su desgracia. ¿Pornografía emocional? No es el caso si este ejercicio de exposición personal se convierte en arte gracias a su capacidad para sobrepasar la exclusividad del territorio íntimo y llevar sus tentáculos a las casillas existenciales que no caducan. Habla del amor y la muerte, de la imposibilidad de amar y de la omnipresencia de Dios (o de algo parecido).

Una voz y una guitarra acústica. Casi nada más. El casi se traduce en puntuales, magistrales trazos de violín (anda por ahí Warren Ellis). Grabado en un par de días en un estudio berlinés, con los mínimos retoques y con canciones largas, larguísimas, que reptan y susurran, levantan la voz y se entierran en tajos de silencio. ¿Existe un territorio donde se cruzan el Jeff Buckley más lírico y el Bruce Springsteen más espartano? Existe: es “Last Of The Country Gentlemen” y sus siete canciones-pellizco. Con un prólogo (“Don’t cry for me baby / You’ll learn to live without me / Don’t cry for me baby / I’ll learn to live without you”) y un epílogo (“Help me get her out of my mind / Could you help me get her out of my mind”) encerrando el relato de una relación en la que el amor no es suficiente para mantener los lazos. Crudo, desesperado, épico (¿hay algo más épico que sobrevivir a los arañazos de la vida?) y sin pelos en la lengua (“I’m in love with another woman who simply ain’t my wife”; “I ruined the lives of those I loved”...): medicina dura (y pura) en un disco con aroma de clásico.

“Thou Art Loosed”.

Etiquetas: 2010s, 2011, Estados Unidos, folk
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