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ÁLBUM (2010)

KANYE WEST My Beautiful Dark Twisted Fantasy

Roc-A-Fella/Universal
KANYE WEST, My Beautiful Dark Twisted Fantasy
 

Número 1. El mejor de los mejores del año 2010 según el Rockdelux 291. Disco pletórico. “Más grande que la vida pero profundamente arraigado en ella: así se despliega el maremoto del quinto largo de Kanye West”, dijo Juan Cervera en esta crítica, que fue, obviamente, la destacada del mes en la revista en que se publicó. Porque, en efecto, este álbum está lleno de momentos cegadores que, una vez más, confirmaron a Kanye como la estrella más rutilante y, probablemente, necesaria de la música del nuevo milenio. Debajo, suena el estratosférico “All Of The Lights”.

Hay opiniones para todos los gustos (afortunadamente) y gustos para todas las opiniones (ídem), pero sigo pensando que “808s & Heartbreak” (2008) fue una piedra en el zapato del Príncipe West, un tropezón incómodo tras la suculenta trilogía escolar –“The College Dropout” (2004), “Late Registration” (2005), “Graduation” (2007)– que lo coronó como una de las estrellas más rutilantes y necesarias de la música del nuevo milenio. Fue, seguro, un error premeditado –a Mr. West nadie le dice lo que tiene o no tiene que hacer– provocado por la urgencia de una situación personal difícil que encontró escape en esa especie de diario con caligrafía electro y tinta Auto-Tune. Correcto y poco más: a veces las terapias no deberían saltar del salón del paciente a la sala de estar del oyente.

Pero West es mucho West –a día de hoy, el bocazas más cool y preparado del negocio, con permiso de Morrissey– y tras el cabreo (y cierta depresión) por la tibia recepción de ese trabajo se puso manos a la obra y tiró la casa por la ventana con lo que ha resultado ser “My Beautiful Dark Twisted Fantasy”, un álbum de proporciones gigantescas que pulveriza barreras, injerta géneros y hace que cualquier otra obra pop a su lado parezca un despreciable microbio. Presupuesto millonario y casting de lujo –en “All The Lights”, por ejemplo, están inscritos, entre otros, Rihanna, Elton John, John Legend, Kid Cudi, The-Dream, Alicia Keys, Fergie y La Roux– que nunca permite que las dimensiones del proyecto hagan sombra a lo que realmente importa: el diseño de sonido y las canciones. Y estas, sin duda, están entre lo mejor que ha salido de la mente dorada del chico de Atlanta. A los 33  años –la misma edad con la que se cargaron a Jesucristo: oh, oh–, Kanye Omari West se reinventa y sube a los cielos haciendo caso a su instinto y a su proverbial valentía para desafiar cualquier clase de expectativas. ¿Esto es hip hop? Debate estéril: es música y punto. En “Power” dice: “Every superhero needs his theme music”. Y él se dedica a componer la banda sonora de su particular película vital, un filme en cinerama, tecnicolor, 3-D y sonido estratosférico que hila finamente con jirones del pasado y los propulsa –samples mediante– hacia mundos futuros.

“My Beautiful Dark Twisted Fantasy” es música clásica y soul, rock sinfónico y heavy metal, pop de FM y R&B. Pero jamás suena a algo genérico: su batidora licua grasas y bisutería y devuelve un zumo fresco, natural y nutritivo. Es excesivo y barroco, maximalista y divertido. Es una fiesta multicolor sobre el poder del amor y el intenso deseo de ser amado –no se pierdan “Runaway”, el mediometraje dirigido por el propio Kanye West (con guión de Hype Williams) a partir del álbum; puro delirio, puro lujo: disponible en la Deluxe Edition–. Es un sueño renacentista hecho carne –real, virtual– con chelos y pianos, Black Sabbath y Manu Dibango, guitarras eléctricas y Mike Oldfield, violas y Bon Iver, Smokey Robinson y Tony Joe White. Hay beats devoradores y voces angelicales, nubes de azúcar y ácido corrosivo. Y está “Runaway”, nueve minutos de canción perfecta –con la punzante lluvia de notas de piano, el chelo y su lavado de cara al ¿trip-hop?– encajada casi en mitad del minutaje, como si fuera el corazón de todo el poderoso artefacto. Un fogonazo de genio en una obra construida a base de momentos cegadores: la melancolía de “Blame Game” –con John Legend y préstamo de Aphex Twin–, el dinamismo de “Monster” (con el brutal cameo de Nicki Minaj), la ambrosía superpop de “Power” (con su perfecto pillaje-collage del “21st Century Schizoid Man” de King Crimson)...

Más grande que la vida pero profundamente arraigado en ella: así se despliega el maremoto del quinto largo de Kanye West. Un géiser de obsesiones recurrentes (Michael Jackson, las endémicas desigualdades sociales en Estados Unidos, el peso del lujo y la fama...) reformuladas con lentes de visionario. Aunque al final (“Lost In The World”: Bon Iver vía “The Woods” y toda la troupe en plan big parade) nuestro hombre solo quiera, en la mareante vorágine de la vida moderna, una existencia normal. Lo explica el maestro Gil Scott-Heron por medio del (todavía) incendiario “Comment No. 1” de su “Small Talk At 125th And Lenox” (1970). Gran final para un Kanye West pletórico que certifica su desconocimiento del adjetivo “límite”.

“All Of The Lights”.

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