Siempre sin dejar de ser sólo ellos, chicos sensibles en tiempos de ironía, La Buena Vida se ha construido una de las carreras más valiosas (y valientes, a su manera) del pop español de las dos últimas décadas. Su repertorio anda escaso de temas “de relleno” o prescindibles: todos tienen su encanto, su provecho, su intríngulis. Quienes descubrieran tarde al grupo-emblema del Donosti Sound tienen ahora la oportunidad de recuperar una parte de su trayectoria inicial con la caja “Sencillos”: cuatro CDs con los 7” pulgadas y EPs de su era Siesta (1992-2003), con extras añadidos, más un jugoso quinto CD adicional con sus versiones de otras formaciones.
El cuidado box set permite hacer memoria de una época, la del boom del indie español, al tiempo que observar los primeros pasos en la evolución del ligero arte pop de Irantzu Valencia, Mikel Aguirre y su santa compañía. De las melodías acústicas con poso amateur de “Historia de un verano” (1992) y “Mira a tu alrededor” (1994) dieron el salto a la pista con el osado “Magnesia” (1995), donde mantenían la indolencia pero sumaban fuerza y color, mirando de reojo a Saint Etienne o New Order; todo en ese EP son aciertos: “Magnesia” es un clásico –quizás el tema más celebrado todavía hoy en sus directos–; “A pesar de todo” baila con grácil ritmo disco, casi como de Tamla Motown; “Menta y agua” podría pasar por tema titular; y “En bicicleta 1995” supera de largo a la “En bicicleta” original de 1993. En “Eureka” (2000), los donostiarras volverían a tantear de nuevo con éxito el factor electrónico: “Otra vez tú” y ese gran hit que es “Guillermine” (casi una “Magnesia” redux) parecen elucubrar sobre cómo hubieran sonado Pet Shop Boys de haber nacido en San Sebastián.
Todos los EPs, con la excepción de “Magnesia”, aparecen en “Sencillos” con rarezas como regalo: en su mayoría cesiones a recopilatorios extinguidos desde hace tiempo de las cubetas. Pero los completistas salivarán sobre todo con el quinto CD, “Versiones”, reunión de los frágiles asaltos a repertorio ajeno que grabaron durante su período en Siesta. El grupo llevó a su tierra perezosa temas clásicos de Alaska y Dinarama (“Cómo pudiste hacerme esto a mí”, convertido en reproche cansado), Jonathan Richman (“That Summer Feeling”) y The Velvet Underground (remolona “Candy Says”), además de aprovechar la inspiración del filme “La noche del cazador” (Charles Laughton, 1955) y Love para hacer curiosos experimentos electrónicos. 