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ÁLBUM (2011)

LA CASA AZUL La Polinesia meridional

Elefant
LA CASA AZUL, La Polinesia meridional
 

Si alguien sabe lo que es vivir dentro de una canción, ese es Guille Milkyway. Así que nadie mejor que él para grabar un disco sobre eso. Porque “La Polinesia meridional” habla del miedo a perder la ilusión, de la necesidad de huir fuera de la realidad para poder sobrevivir a ella o del amor como el único refugio donde resistir cada día. Pero, ante todo, es pura apología de la música pop y la evidencia de cómo un tema –una línea de bajo encogiéndote el estómago, la caída del sonido justo antes de un estribillo– puede sumirte en un placer absoluto y hacer que el mundo se desvanezca (o que seas tú el que desaparezca) mientras suena.

El tercer álbum de La Casa Azul –después de “Tan simple como el amor” (2003) y “La revolución sexual” (2007)– es un disco abrumador y superlativo con el que Guille reivindica y recupera la música disco de los setenta antes de que el ritmo y la repetición desterraran la melodía de las pistas de baile. Él se aplica el cuento y se esmera en preservar y acentuar los giros melódicos de temas enormes como “La fiesta universal”, “Colisión inminente (Red Lights, Red Lights)” o “La vida tranquila” (con la voz de Silvia Sanz, ex-Niza y su pareja actual, dándole la réplica en los coros y convirtiéndola en todo un drama doméstico). Cada canción es una batalla interior, dominada por la exuberancia, el ritmo y los arreglos, en la que siempre prevalece ese chispazo inconfundible: ahí están “Los chicos hoy saltarán a la pista” o “La Polinesia meridional”, su mejor canción, que titula el disco y confirma que el talento de Guille para el pop no ha dejado de crecer.

“Los chicos hoy saltarán a la pista”.

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