Demasiado viejo para la vida del rock’n’roll, dice James Murphy. Lo deja. El tiempo sentenciará si habla en serio o si es otra más de sus sutiles provocaciones al tan pautado mundo del business musical, pero lo cierto es que “This Is Happening” se anuncia, lo anuncian, como el tercer y último largo del proyecto LCD Soundsystem. De ser así, no hay duda de que la trilogía formada por esta entrega y las dos anteriores –“LCD Soundsystem” (2005), “Sound Of Silver” (2007)– conforma uno de los opus musicales más imprescindibles de la primera década del nuevo siglo. Murphy y sus colegas aman la música, (casi) toda la música, y en esos tres álbumes han plasmado su pasión y su devoción de la mejor manera posible: añadiendo material de primera categoría al inmenso río de la historia –ese cuyas aguas jamás pasan dos veces por el mismo lugar, aunque lo parezca– y encapsulando en canciones febriles y, ocasionalmente, melancólicas el resuello de un espacio temporal a punto de hacer catacrac, que halló en el hedonismo inteligente la mejor manera de resistir el hundimiento de determinados valores al tiempo que se avistaban nuevas reglas para el juego de la vida.
Es muy difícil resistirse a las radiaciones de una canción-emblema como “Losing My Edge” (2002) y no quedarse tieso, con el talento seco. Murphy lo hizo e inauguró una era de bombas rítmicas y melódicas –“Give It Up”, “Yeah”, “Tribulations”, “Daft Punk Is Playing At My House”, “All My Friends”, “North American Scum”...– que cosieron con finas puntadas las bocas de los que hablaban de hype pasajero. Esos singles fueron manifiestos a tumba abierta que cerraban un pacto fáustico con una filosofía musical que hacía de los referentes pretéritos el cultivo para un ADN resistente a la mera nostalgia. La enciclopedia Murphy es capaz de recrear hasta el delirio un ecosistema inédito a base de injertos de héroes del pasado en un juego posmoderno que evita el pastiche barato con kilos de ironía, energía y emoción. Poco importa que aquí se paseen Bowie y Eno, el krautrock y Talking Heads, The Velvet Underground y el synthpop ochentero, la no wave y el house de primera generación. Importa poco porque la ecuación se cuadra sin recurrir al plagiarismo de parvulario; se resuelve buscando el punto exacto de cocción y textura, ese que lleva finalmente a dar voz propia a argumentos que parten (conscientemente) de citas ajenas.




























