Hablamos de ochenta y tres temas repartidos en tres capítulos y un apéndice con versiones dub e instrumentales que se remontan hasta 1968, cuando Mr. Scratch retaba a músicos competidores (Prince Buster, Duke Reid) y patronos explotadores como Coxsone Dodd y Joe Gibbs –el llanto de un bebé en el inmarchitable “People Funny Boy”, primigenio riddim del reggae–, proclamando su bien ganada independencia en sinfonías de inspiración cinematográfica (“Clint Eastwood”, “Return Of Django”) y cortes de atemperado proto-roots para las gargantas de DAVE BARKER, JUNIOR BYLES y, por supuesto, BOB MARLEY & THE WAILERS.
Instalado ya en el éxito pero muy atento a las convulsiones de su tiempo, no tardaría en adaptar los eslóganes del movimiento Black Power a sus ideales rastas (“Blackman Time”, “Justice To The People”) durante un bienio, 1972-1974, marcado por los motivos de melódica de AUGUSTUS PABLO y las transmutaciones soul de GEORGE EARL o SUSAN CADOGAN & THE MIGHTY DIAMONDS: trabajo sin descanso a cuenta de su gran sueño, un estudio equipado con la última tecnología que en 1979, y a consecuencia de una inflamable combinación de alcohol, marihuana, deudas y malas compañías, acabaría pasto de las llamas.
Menos sustantivo que los anteriores, el sumario de la cumbre creativa del Upsetter, el período 1975-1978, no podía ignorar ni la inconfundible tesitura de JUNIOR MURVIN (“Roots Train Number One”) ni las incendiarias soflamas de MAX ROMEO (“Fire Fe The Vatican”), epilogadas, eso sí, por cinco mezclas publicadas exclusivamente en formato maxi, entre las que destaca la muy explícita “City Too Hot”.
Todavía en activo y a punto de cumplir los 70 años, Lee Perry pasa hoy por una mezcla de Syd Barrett, George Clinton, Sun Ra y Johnny Rotten. Lo afirma Lol Bell-Brown, alma máter del fanzine ‘Boom Shaka Laka’, en uno de los ilustrativos ensayos del libreto y lo demuestra el conjunto de una antología que, sin duda, logra su propósito: iluminar al neófito y alentar al completista. 