×

USO DE COOKIES

Este sitio web utiliza Cookies propias y de terceros, para recopilar información con la finalidad de mejorar nuestros servicios, para mostrarle publicidad relacionada con sus preferencias, así como analizar sus hábitos de navegación. Si continua navegando, supone la aceptación de la instalación de las mismas. El usuario tiene la posibilidad de configurar su navegador pudiendo, si así lo desea, impedir que sean instaladas en su disco duro, aunque deberá tener en cuenta que dicha acción podrá ocasionar dificultades de navegación de la página web.

Aceptar Cómo configurar

Cargando...
 

ÁLBUM (1982)

LEÑO Corre, corre

Chapa-Zafiro-Serdisco
LEÑO, Corre, corre
 

Maestros del rock urbano entre finales de los setenta y principios de los ochenta, Leño se convirtieron en una leyenda que todavía perdura. Y es que el legado del trío capitaneado por Rosendo Mercado se mantiene intacto: entre el hard rock y el blues-rock, supieron cautivar a un público necesitado de himnos proletarios con los que identificarse. Sus retratos de la marginación, hechos desde el inconformismo, suenan hoy tan reales como entonces. Recuperamos la crítica de David Morán de su cuarto y último LP, “Corre, corre” (1982), escogido entre los cien mejores álbumes nacionales del siglo XX (en el puesto 97) en el Rockdelux 223, el del especial del veinte aniversario de la revista.

Cuatro discos en cuatro años, una carrera que empezaba a recoger sus mejores frutos comerciales, un carisma a prueba de yunques y, de repente, parada y fonda... definitiva. Tenían razón: el rock seguiría vivo mientras alguien tuviera cosas que decir e historias que contar. Ellos lo hicieron a su manera, retratando una marginación que estaba al otro lado de la ventana y transformándola en dañinos adoquines; pero en 1983 descubrieron que se habían quedado sin palabras: las habían agotado todas en “Corre, corre” (1982), un testamento sonoro que convertía a tres inadaptados de la periferia madrileña en carne de leyenda.

Luchando contra su propio destino y llevándole la contraria a su propia carrera, Rosendo Mercado (voz y guitarra), Tony Urbano (bajo) y Ramiro Penas (batería) viajaron a los estudios Kingsway de Londres y encontraron en Carlos Narea al catalizador perfecto para desarrollar todas las ideas que habían venido tanteando desde su debut, “Leño” (1979).

 
LEÑO, Corre, corre

Madrid rock: padres de esa forma tan castiza de entender la música llamada rock urbano. Foto: Óscar Vallina

 

Después del álbum “En directo” (1981), llega “Corre, corre”. En él ya no hay lugar para las progresiones infinitas que enturbiaban “Leño” ni para los teclados con que Teddy Bautista dulcificó el sonido de “Más madera” (1980). Aquí y ahora solo hay espacio para el rock; un rock seco y rudo en constante diálogo con el blues sobre el que Rosendo, instalado en una cornisa con vistas a Carabanchel, desgrana relatos sobre perdedores crónicos, alieanación urbana e inconformismo juvenil. “Tú desde muy crío te saliste del renglón / Hiciste en los billares la primera comunión / Eres un fugitivo y nada vale tu opinión”, suelta nada más arrancar el corte titular, abriendo así la puerta a todo un desfile de personajes de asfalto y hormigón que sueñan con conseguir su lugar en el mundo.

De fondo, una banda sonora cruda, incómoda y dura como una barra de acero templado donde la perfección técnica (que la hay) consigue calar en unos estribillos más claros y precisos (“No se vende el rock & roll”, “¡Que tire la toalla!”).

A un paso de la frontera del hard y grabando con tantas tripas como cerebro, Leño se despidieron con un trabajo que bien podría ser la sublimación del rock callejero y vagabundo. Ninguna otra banda, excepción hecha de Los Enemigos, supo capturar con tanta naturalidad el sentimiento de barrio deprimido y agonizante. No es ninguna casualidad que se les considere los padres de algo tan extendido (y desdibujado) como esa forma tan castiza de entender la música llamada rock urbano.

“Sorprendente”.

Arriba