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ÁLBUM (1988)

LEONARD COHEN I’m Your Man

CBS
LEONARD COHEN, I’m Your Man
 

Desde hace algunos años, no es ningún secreto que Leonard Cohen está trabajando para ser más accesible y efectivo musicalmente. En 1974, su álbum “New Skin For The Old Ceremony” supuso un cambio formal muy interesante en la cuasi monótona sucesión de su obra –las sencillas fórmulas rítmicas utilizadas elevaban las canciones por encima de los espacios demasiado concretos que las habían visto nacer: la balada y el folk-blues– y, durante la gira promocional de aquel disco, Cohen optaría por sacudir algunas de sus viejas canciones amargas inyectándoles fuertes dosis de ritmos bailables: boogie, funk, una increíble versión de “The Butcher” transformada en un heavy blues a lo Allman Brothers, e incluso nos presentaría dos títulos inéditos: “Store Room”, dotada de un swing vagamente jazzístico, y “Do I Have To Dance All Night”, otro intenso boogie teñido de jazz. Pero sería en el asombroso álbum de 1977, “Death Of A Ladies’ Man”, donde Cohen se adentraría en vías músicales más complejas –el-paso-en-falso-en-la-dirección-correcta–, aunque arrastrado y sepultado por el alud sónico de Phil Spector, que lograría calzar a Cohen al estilo de una vieja tradición: el rock’n’roll americano.

Del frenesí a la sobriedad, Cohen sigue intentado encontrar nuevos horizontes musicales para sus canciones; y en 1979 graba “Recent Songs” con la intervención de una excelente banda americana de rock fusión, Passenger, para regresar a un terreno conocido, llano, al descubierto, en su álbum de 1984, “Various Positions”, de sonoridad entre la balada y el country & western –algo infinitamente marginal para los tiempos que corren–, aunque el poeta sigue balanceándose sobre melodías como “Dance Me To The End Of Love” o “The Law”.

 
LEONARD COHEN, I’m Your Man

Obra de embriaguez lúcida y dimensión irónica que mantiene el tono del discurso habitual de Cohen. Foto: Sharon Weisz

 

Pero me pregunto si en realidad existe aquí alguna clase de proceso evolutivo que conduzca hasta “I’m Your Man”, un álbum donde Cohen se nos muestra tan imprevisible como era de esperar, tan enigmático y familiar como lo ha sido siempre, tan certero como el artista cuyo único objetivo es el de poder descansar sobre la superficie de su obra –mientras los críticos nos esforzamos en penetrarla y analizarla–.

“I’m Your Man” es un disco de alianzas. Es un álbum tocado por la magia mecánica de la tecnología moderna, pero creado por la inocencia de la absoluta madurez artística: “Compuse este disco con uno de esos pequeños sintetizadores de juguete, tratando de utilizar ritmos que era incapaz de tocar con la guitarra”. Un trabajo discretamente electrónico pero fundamentalmente poético (“Cómo brilla la luna / la cadena está demasiado tensa / la bestia no dormirá”), que invita al baile y a la reflexión como elementos aparentemente antagónicos –la música puede ser “alegre” pero el texto es apocalíptico–: “Todo el mundo sabe que se acerca la Peste / todo el mundo sabe que avanza deprisa”. La afirmación de posturas radicales lapidando las formas del romanticismo obsoleto, las expectativas religiosas y el vocabulario político, entre gestos de sencillez y guiños de complicidad: una llamada a la conquista de un mundo inexistente “porque el mundo ya ha sido destruido, y no tenemos que esperar el holocausto nuclear”. “Primero conquistaremos Manhattan / después conquistaremos Berlín”. Una obra de embriaguez lúcida y dimensión irónica, es decir, que mantiene el tono y el espectro del discurso habitual de Cohen –aunque esta vez la escritura sobre la densidad es más ligera–, donde el héroe cultural reverenciado se arriesga incluso con rimas callejeras: “Yo me arrastraría hasta ti, nena, y caería a tus pies / y aullaría a tu belleza como un perro en celo”. Un disco cuasi disco, cuasi rap, cuasi spaghetti western, cuasi góspel –hay un gran trabajo en los coros–, cuasi soft rock, cuasi lo que quieras, lo que te permitirá escucharlo mientras imaginas esqueletos bailando en este extraño funeral, cuasi alegre, animado por el estilista más excéntrico e irreverente del mundo. Un álbum demasiado exquisito para estar fuera de su tiempo –como siempre lo ha estado Cohen–. Una obra tan valiosa como cualquier realismo mágico fundamentado por Cohen.

“First We Take Manhattan”.

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